Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- La carretera comenzó a tornarse verde y, de vez en cuando, podías observar pequeños grupos de ganado que comían despreocupados un poco de pasto.
Las nubes blancas se veían alcanzables, como si estuvieras dentro de una esfera de cristal; el frío hizo acomodarnos las chamarras, pues avisaba que ya habíamos llegado a nuestro destino: Zitácuaro, Michoacán.
Al llegar, la estatua de las dos máscaras, comedia y drama/tragedia, nos daban la bienvenida al Teatro Juárez recinto de los eventos más importantes de la ciudad de Zitácuaro y sede del CCXI Aniversario de la Instalación de la Suprema Junta Nacional Americana.
La Suprema Junta Nacional Americana es el primer órgano de gobierno mexicano en la independencia de México gracias a que Ignacio López Rayón y José María Liceaga levantaron un acta en donde señalaban la necesidad urgente de organizar ejércitos para ser libres, ya que no reconocían como gobierno al virreinato.
Es así como el Teatro Juárez se convierte en ícono importante tanto para Michoacán como para toda la república, pues fue cómplice de la primera organización para dar el grito de guerra a favor de la libertad.
La Heroica Zitácuaro, siempre distinguida por su rebeldía ante los españoles y defensora de la autonomía, celebraba una vez más el aniversario de su primer paso para la organización de la gran lucha mexicana.
Esperando a que terminara la sesión de cabildo que ahí mismo se llevaba a cabo, las y los invitados a la Sesión Solemne comenzaban a llegar, ansiosos de apartar su lugar lo más cerca del escenario.
A la llegada de José Alfredo Ortega Reyes, secretario de Seguridad Pública, la prensa lo rodeó para preguntar acerca de los 167 detenidos, lo que hizo que, desde fuera del círculo, el secretario no se viera.
Ortega Reyes explicó que los operativos para levantar barricadas sigue en pie y que «ya casi no existen», a lo que quisieron interrumpirlo para preguntar en dónde siguen existiendo y él, como un maestro que te llama la atención en clase, pidió de favor y mirando fijamente a la reportera que lo dejaran terminar su idea.
Después de eso, como hormigas al pan dulce, la prensa comenzó a dirigirse a la diputada priísta Adriana Hernández para preguntar sobre lo que sus compañeros Marco Polo Aguirre Chávez y Daniela de los Santos Torres dijeron sobre que Silvano Aureoles quería «meter mano» para que ella fuera coordinadora.
Adriana Hernández se dirigía a las cámaras como si el tema se le resbalara, diciendo que respetaba a cada uno de sus compañeros y que su trabajo habla por ella misma, haciendo que el tema no fuera algo polémico.
Una vez que la entrevista terminó, comenzó a platicar con conocidos de la prensa, dejando de lado el porte formal que tiene ante las cámaras y viéndose como una persona más en sociedad.
El Teatro Juárez parecía explotar, pues la fila de los invitados era tan inmensa que entraban de a tres, todos bien vestidos para la conmemoración.



Al llegar a la sala, la división entre invitados y espectadores era evidente: adelante y con la mejor vista se encontraban todos aquellos que habían recibido una invitación y, con un espacio considerable en donde bailaban de aquí para allá las y los fotógrafos; hasta atrás, aquellos que quisieron presenciar la sesión.
Personas con vestimenta más informal son lo que se podían observar lejos de los invitados, creando un ambiente desprolijo, pero un poco desapercibido, pues las luces del teatro estaban tan tenues que lo único que llamaba la atención era la tarima.
En ella, todo el presidium, quienes tenían detrás suyo al distinguido símbolo patrio, la bandera de México.
Una vez presentado a todos los asistentes, el redoble de tambores de la banda de guerra dio la pauta para que la escolta policial entrara a presentar la bandera y entonar el himno nacional.
Con la mano en el pecho, la división entre los presentes se difuminó, pues cantaron todos al unísono el himno que los hace pertenecientes a un mismo lugar.
Después, se hizo entrega de la condecoración «Suprema Junta Nacional Americana», una medalla bañada en oro de 20 quilates que, ahora, portará en el cuello Heriberto Ramón Morales Cortés, exfutbolista de gran trayectoria en el estado y en el país.
Las y los fotógrafos que bajaban por goteo se atiborraron bajo el escenario para tener la foto perfecta de la medalla entregada a Heriberto Morales, tapando la vista al presidente municipal de Zitácuaro, Juan Antonio Ixtláhuac Orihuela, quien se encontraba en primera fila.
«Es un orgullo por representar a mi estado y ser reconocido con este galardón», dijo el ídolo michoacano quien destacó en el Monarcas en el año 2000 y sigue siendo un promotor de este deporte.
Algunos de los asistentes a la sesión dormitaban en sus asientos gracias a la luz tan bajita que parecía arrullarlos hasta que les venciera el sueño, pero la voz fuerte del discurso de la diputada Gloria Tapia Reyes levantó a todos como un café a las 8 am.
Tapia Reyes gritó a todos los presentes que Zitácuaro es tres veces heroica al haber sido tres veces encendida y resurgir de las cenizas como el ave fénix; también que, Benito Juárez, había declarado a Zitácuaro cómo «ciudad de la independencia».
Al dar fin al evento, la prensa esperaba la salida del secretario de gobierno, Carlos Torres Piña, quien iba en representación del gobernador del Estado de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, pero Torres Piña fue sacado de la sala por una de las puertas aledañas, dándole la vuelta a los medios.
Fue así como terminó la sesión de aniversario, haciéndonos despedirnos de Zitácuaro sin oportunidad de recorrer sus calles revolucionarias llenas de historia.
El cielo de Zitácuaro se tornaba gris entre más nos alejabamos, diciéndonos adiós como quien se despide de un gran amigo, sin saber cuándo nos volveremos a ver…





