CRÓNICA | Tzintzuntzan, tras las rejas


Acueducto | Samuel Ponce Morales
No decenas, fueron cientos de visitantes, cuya mayoría apenas daba crédito a sus ojos, no había paso por doquier a los accesos del primer convento fundado en territorio michoacano por la orden franciscana, cuya construcción duró casi un siglo, del XVI al XVII.
Lo más se iban casi de inmediato, solo de reojo miraban las artesanías que a su paso encontraban, los menos se atrevían comprar no más de dos piezas; es mediodía, no hay calor, como tampoco señales en la entrada y salida del lugar que indican que el Vía Crucis no sería presencial.
Y entre esos menos también eran los que no habían desayunado o almorzado, de ahí que se dirigieran a los contados, uno, dos tres, cuatro puestos de gorditas y de quesadillas de guisados, eso sí, las dos terceras partes cumplían con el no riguroso protocolo sanitario.
Si, Semana Santa, Viernes Santos, en tiempos de Covid-19 que aquí en Tzintzuntzan, la que fue la gran capital de los antiguos tarascos, en donde los estragos de la pandemia han masacrado la economía de los que menos tienen o tenían; no, no ya no parece pueblo fantasma, pero como si lo fuera.
A través de las rejas de la angosta puerta principal del convento, a lo lejos, se aprecian edificaciones que mezclan estilos arquitectónicos plateresco y barroco con los delineados por los janamus prehispánicos, más cerca casi a flor de piel los normes olivos árboles que, dicen, plantó el propio obispo Don Vasco de Quiroga.
Ahí, entre las rejas se asoman en forma oscilante, como en fila india, sin serlo, decenas, cientos de miradas de nativos y foráneos tratando de divisar algún guiño que infiera la celebración del Vía Crucis, el mayor porcentaje solo ve eso, las coloniales edificaciones y olivos, no más.
Sin embargo, los que coincidimos, los menos, desde esa reja, en donde solo un bloque de seis, siete personas tuvimos el privilegio de ver en primera línea, con el rostro apretujado entre los barrotes, moteadas escenas de la escenificación del vía crucis, de una lastimera escenificación. Tiempos de Covid-19.