Morelia/Vianey J. Cervantes
Los dos enormes árboles que llenaban el patio principal se encontraban húmedos, el suelo de piedra se veía oscurecido por la lluvia que no ha cesado en la capital de Michoacán; a la entrada, un hombre me guía con amabilidad hacia la rueda de prensa que debo asistir.
La voz del director adjunto del Observatorio Ciudadano de Michoacán, Rodrigo Antúnez Álvarez, se escuchaba desde las escaleras del hotel Casa Grande, ubicado en el corazón de la ciudad de la cantera rosa.
“Cifras preocupantes”, “homicidio doloso”, “sin datos” y “cifra negra” son las frases perdidas que podía escuchar; al interior del salón al menos una docena de periodistas escuchaban con atención el corte del segundo trimestre del año que dio el OCM sobre violencia e inseguridad.
La entrega se proyectó con diapositivas a través de un proyector, en cifras y con gráficas demostrativas, los periodistas tomaban café y notas, algunos con el teléfono en la cabeza, otros parados, atentos, frente a la mesa donde los dos investigadores y los dos líderes ofrecían los datos a los medios, “ustedes serán quienes den la voz a esto”, decían.
Fue cerca de una hora lo que duró la entrega, fueron concisos y rápidos, las dudas de los medios fueron derivadas por la ausencia de resultados que dan los ingresos extras a seguridad; alguien preguntó sobre el Mando Único y la respuesta fue simple, “más que preguntarse quién manda, se tienen que detectar las debilidades para combatirlas; quién lo haga es lo de menos cuando no sé sabe bien qué ocurre”.
Las preguntas y respuestas fueron cortas, y finalizaron sin pena ni gloria; así que, tanto Leonel Fernández, director de fortalecimiento de la Sociedad Civil del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC), como Rodrigo Antúnez Álvarez se levantaron de sus asientos y partieron hacia las oficinas desde donde se realizan los trabajos que buscan dar un indicio de lo que este hermoso y peligroso estado necesita.





