Tzintzuntzan, Mich. l Acueducto Online.- Con luces, música y un gran espectáculo dio inicio la gran fiesta michoacana, en el corazón del señorío purépecha Tzintzuntzan, donde se lleva a cabo una muestra de la cultura, religión, danza y canto.
Desde la cima de las yácatas la K’uinchekua se ofrece a todo el mundo, reuniendo 26 actos artísticos de los diferente pueblos originarios.
Desde temprano, familias enteras o grupos de amigos, en caravana, a pie o en vehículo comienzan a llegar para admirar la primera presentación de la Fiesta Michoacán. ‘Es algo mágico, un paraíso’, dice una joven a su acompañante.
Cientos de personas, sino es que miles, miran y admiran tan bello espectáculo, lleno de color, tradición, música, olores.
En el estómago revolotean mariposas al escuchar la canción de las panaderas de Tarecuato, que salen entonando y bailando, con eso basta para que el escenario se encienda.
En seguida, se presenta la danza de Tierra Caliente, donde mujeres y hombres lucen sus trajes regionales al ritmo de sus sones.
Son varias parejas, donde ejecutan pasos rápidos, cortos y altos, el hombre viste su traje típico y la mujer luce ataviada con su blusa bordada a mano y con una amplia falda larga, cuyos extremos se agarran mientras bailan. Cautivando a los visitantes, que aplauden y se estremecen.
Era esplendido el retumbo causado por los gritos, el imparable ajetreo de los aplausos y el gozo expresado en cada rostro de los asistentes.
La K’uinchekua es una fiesta michoacana, colorida, vistosa y virtuosa que pudieron apreciar una multitud incansable de visitantes.
Concluyendo con el son de Juan Colorado y un cielo iluminado de drones, que hacen que todo el público se levante y aplauda sin parar.













