Las manos de los artesanos de San Nicolás Obispo poseen la magia para convertir la piedra en extraordinarias figuras, que poco a poco comienzan a ser codiciadas a nivel internacional.
Con una técnica milenaria que consiste en golpear la piedra hasta transformarla en un objeto de cocina, decorativo o multiusos, las manos fuertes y maltratadas por los golpes y lo áspero de la piedra se alían al cincel para descubrir formas sorprendentes.
Una piedra volcánica que trasladan desde el Cerro del Águila es lo que da origen al tan conocido molcajete, metate, platos, ollas, fuentes, ceniceros, y muchas otras formas a las que les ponen su sello personal y el de San Nicolás Obispo, que ha trascendido fronteras como la capital del molcajete.
Pero no es cualquier piedra, debe ser aquella que sea lo suficientemente dura para no quebrarse con los golpes, que deben medirse según la forma que se desea darle.
Por cada viaje, deberán trasladar en sus burros al menos una docena de piedras que en tres días habrán de convertirse en distintas piezas, para poder sacar el sustento familiar.
Los mayores son los que han impulsado esta técnica a través de sus hijos, que a su vez la pasan a sus vástagos, conformando así una cadena productiva que es la que provee, principalmente, de recursos a esta Tenencia.





