Crónica. El maíz, la feria y los paladares

ACG

Morelia/ Vianey J. Cervantes

Santiago de Nurio en el corazón de la meseta Purépecha se encuentra rodeado de paisajes verdes, cerros al horizonte muy cerca de Paracho, en la sierra tarasca, al norte de Uruapan y del volcán Paricutín, en el estado de Michoacán.

La comunidad de Nurio alberga tesoros ancestrales como la Feria de la Marzoca, con actividades que van desde muestras de danza, pirekuas, juego de pelota y muestra gastronómica en su plaza principal.

En las oficinas de la Secretaria de Turismo en la sala principal con al menos una veintena de sillas plegables cinco sonrientes mujeres con ropa típica y una sonrisa michoacana se encontraban esperándonos, dos ancianos, orgullosos pero serios, miraban la comitiva de medios que llegaba a su hogar. Entre ellas, un hombre de piel morena y sombrero café con el micrófono en mano daba la bienvenida y la invitación a la bella comunidad de Nurio.

“El maíz el producto representativo de la comunidad” decía José Manuel Torres Marcos con cierto aire de confianza y agradecido de permitir a los medios que ahí se encontraban asistir a conocer Feria de la Marzoca que dijo “se realiza para ofrecer a los habitantes y turistas una serie de actividades más allá de muestras gastronómicas, sino también shows culturales”.
El sabor característico de los municipios purépechas llego hasta las oficinas de la Secretaría los uchepos, iurhuri (tortillas de maíz seco), t’okeri (tortilla de maíz fresco), atole de grano y de caña, pasta, nakatamales, aguardas junto al presídium que hoy se encuentra dando la cara de Nurio, la comunidad del maíz.

Afuera hay una peculiar tibieza matutina del sol; a media mañana, los comuneros nos dan una plática sobre el maíz, habló del fuerte vínculo que los habitantes de Nurío tienen con el cultivo del maíz.

Y, no podía faltar el vínculo entre el maíz y las mujeres purépechas quienes transforman el grano en exquisitos platillos que se transforman en comida para el alma, comida para el paladar.

Detrás de los hombres de la comunidad las mujeres vestidas en hermosos vestidos típicos de la zona, daban una colida imagen a la sala, para más que dar una bienvenida y una invitación a la comunidad, era una carta abierta al lugar u deleitarse con los exquisitos platillo ancestrales a base de maíz.