Morelia/Vianey J. Cervantes
Con un elegante retraso de media hora dio inicio la Sesión Ordinaria del Cabildo del Ayuntamiento de Morelia. Las amplias escaleras que dirigían a decenas de morelianos a la segunda planta del recinto se llenaron de gritos y manifestaciones, comerciantes y habitantes de la zona de Quinceo y otras que padecen por el abandono del Ayuntamiento acudieron a manifestarse.
Los gritos se mezclaban con la voz de secretario del Ayuntamiento, Jesús Ávalos Plata, quien daba lectura a la orden del día. Tras el pase de lista, la sala inmediatamente se llenó, de medios y de ciudadanos inconformes. El edil moreliano, Alfonso Martínez Alcázar miraba todo con un aire de preocupación y quizás nerviosismo.
Iban sobre la lectura del tercer punto cuando los manifestantes llegaron a la sala, con las firmes intenciones de gritar e interrumpir con, no agresión, pero sí gritos y ademanes, ante la mirada azul pálido del presidente, algo detuvo a la mujer que irrumpió en la sala y, en lugar de continuar gritando, decidieron entrar y escuchar la sesión de forma respetuosa, tomaron asiento y, la lectura que jamás se detuvo, siguió su rumbo en un ambiente más calmado. Alfonso Martínez relajó el rostro.
La sesión fue larga, se abordaron temas relevantes, como la transparencia de gasto público por parte del Ayuntamiento, un proyecto respecto al reglamento para la prevención y gestión integral de los Residuos Sólidos Generados en el municipio de Morelia, apoyos a migrantes y sobre reforestaciones que se realizarán en la ciudad y alrededores para combatir el impacto del cambio climático.
El presidente municipal me sorprendió por su conciencia ecológica, pues es la primera vez en mi corta vida que veo que un mandatario abre los ojos ante una situación globalmente alarmante. Quizás por el verdadero compromiso con la ciudad, quizás porque los cambios han sido tan drásticos y cada vez más extremos, como fue la intensa, intensísima ola de calor que rostizó a los morelianos durante casi un mes y por la fuerte tromba que apenas ayer, en vísperas de la temporada de lluvias, ya dejó estragos en la ciudad.
La intervención más constante fue la del regidor Fernando Santiago Rodríguez Herrejón, quien tomó la palabra en diversas ocasiones para expresar puntos de vista y opiniones; y del regidor Oswaldo Ruíz Ramírez, quien participó, a propósito y sin querer, estas últimas por hablar demasiado fuerte y hacerse escuchar por todos. De 13 regidores, solamente 6 de ellos tomaron parte en las discusiones, otros más bebían café mirando de un lado a otro, a quien habla y a quien debate, cual caricatura. En cierto momento, la reunión de cabildo asemejó una reunión de camaradas, el edil reía y el nombramiento con títulos se escuchaba relajado.
El calor iba en aumento y apenas se iba en el punto 5.11 de 8. Las botellas de agua iban y venían, los fotógrafos se paseaban en búsqueda del mejor ángulo de una zona bastante clásica. Los sonidos eran molestos, claxon de automóviles, gritos, llanto de bebés, risas, camiones, susurros, e incluso la campana de la basura. El edil se quitó el saco, agradecí entonces el clima del día, pues con un poco más de calor la situación sería casi insoportable.
Tras una hora y media, la sesión terminó. Entonces, los manifestantes que tan pacientemente habían esperado su turno, arremetieron contra los regidores y pidieron se quedaran: “Vamos a poner una denuncia, aquí ante las autoridades y aprovechando”. El líder de ellos se colocó al centro de la sala, enseguida, el secretario se acercó a “invitarlo a marcharse”, pero Alfonso Martínez le pidió lo dejase hablar. Una niña con su uniforme de primaria pasó al frente, (un juego sucio, dije yo), nadie escuchó lo que dijo, solamente “Gracias”.
Al final, el edil salió rápido, las mesas se reacomodaron y se abrió la mesa de diálogo para los comerciantes que querían vender en las calles, para los habitantes que se les destruían sus casas con la lluvia, para los que no tenían servicio ni de alcantarillado en sus casa y para los niños que pedían un techo para su escuela.





