Morelia/Julieta Coria
Fue una noche de lunes, hace diez años, cuando dos bombas retumbaron en el centro histórico de Morelia, justo cuando ondeaba la bandera tricolor en el 198 aniversario del «Grito de Independencia» a un costado de la catedral frente a Palacio de Gobierno, en plena celebración.
Un terrible suceso marcó la vida de miles de personas, luego de aquella trágica noche, en donde perdieron la vida 8 personas y más de cien resultaron heridos…
Diez años años después, víctimas y familiares han acudido al lugar a rendir homenaje a sus muertos, a sus loe herido con evidente tristeza rememoran el trágico episodio.

Las campanadas marcaban las 8:10 en una mañana nublada, cuando llegó al gobernador Silvano a la Plaza Melchor Ocampo, ya lo esperan los funcionarios de su gabinete ampliado, cadetes de policías, familiares y víctimas, por supuesto.
Dio inició, la seriedad en los asistentes se nota, los familiares con el rostro de dolor y las miradas perdidas.
La banda de guerra sonaba, la bandera ondeaba en lo alto, a media asta, todos con la mirada en lo alto, en un silencio que estremecía a cualquiera, el rostro del gobernador, hoy con su corbata negra, era de absoluta seriedad, al lado las victimas conteniendo el llanto y dejando caer gota a gota, las lágrimas en el recuerdo del dolor.

De negro y con un listón cruzado sobre sus ropas, a la altura del corazón, se identificaban las víctimas, las familias de los que hoy no están presentes, de los que han partido antes sin despedirse, ellos quienes siguen exigiendo justicia y buscando el cobijo del gobierno diez años después…
Tras la entonación del himno nacional, en el ambiente corría, como una ligera brisa, la nostalgia y la tristeza, de tan sólo mirar los ojos de aquellos quienes que con su mirada, demostraban su dolor aún latente.
El gobernador junto con los familiares deposita una enorme ofrenda floral, junto a un par de veladoras blancas encendidas sobre el lugar donde cayeron hombre mujeres y niños ensangrentadas por los ‘bombazos’ en la trágica noche, ahí hoy se toman la foto gobernador, víctimas y familiares.

“Porque el espíritu del amor y la justicia prevalecerá siempre sobre el oído y la violencia en el corazón de los michoacanos… En memoria de las víctimas del atentado del 15 de Septiembre de 2008”
La tristeza se agudiza, la prensa empiezan a preguntar a escarbar de nuevo en ese recuerdo que quizá prefieren no recordar, las dolorosas anécdotas se hacen presente, son historias que nadie quiere recordar, son historias que no deberían existir, hay lágrimas derramadas en los rostros cansados se seguir a la deriva…
Resulta triste escuchar cada historia, como Salvador Díaz quien rompe en llanto al recordar la Muerte de su esposa, la maestra Leticia Tapia Guerrero que se fue aquélla noche para no volver y exige justicia, demanda apoyos, los afectados son muchos, lo apoyos casi nulos, dice con una voz entre cortante “tenemos que marchar, tenemos que seguir adelante”.
Las historias coincidían, la vida ya no es la misma, todo cambio aquella noche, y diez años pesan, duelen y no se olvidan.

Como dice Guadalupe “aquí murió una parte de nosotros” detrás de ella los demás sobrevivientes, no pueden ocultar el llanto, secan discretamente sus ojos “nos duelen nuestros muertos, nos duele tanto…”
Arturo Fernández, víctima de los granadazos, señaló que entre los compromisos con la presente administración estatal, es que se retome la atención médica y se les otorguen los insumos que requieren, dado los precios de estos.
En la breve conversación, afectados y gobernador prometen tener otro, encuentro, hablan sobre los apoyos, sobre las pensiones, sobre los medicamentos, sobre todas las secuelas que dejaron aquella noche, donde todo cambio, en cada familia de los que ya no están, así como los que sobrevivieron ante trágico suceso, un suceso que cambio la percepción incluso, de la ciudad pero sobre todo de la gente, quienes nunca olvidaran lo sucedido.

En la plaza Melchor Ocampo, el breve encuentro terminó, las historias dolorosas dejaron de contarse, las promesas ahí quedaron y demandas fueron escuchadas, las flores y las veladoras permanecen en la desolada plaza, donde lo único que permanece fue el recuerdo y dolor de los sobrevivientes.





