Morelia, Mich. | Mauro Díaz Baeza / Acueducto Noticias.- Cincuenta años. Ese es el tiempo que lleva funcionando parte del drenaje que hoy está abierto en la calle.
Por eso los vecinos ya estaban asomados antes de que todo comenzara. Desde las puertas entreabiertas, desde las ventanas con cortinas apenas corridas, miraban la calle Paseo del Nogal en Padros Verdes, como quien ya conoce el problema, aunque no siempre lo vea. La cuadra llevaba días abierta.
Un corte largo atraviesa el asfalto y deja ver el tubo y un poco. No es una zanja profunda, pero sí lo suficiente para entender que algo ahí abajo ya dió más. El olor no es fuerte, pero está: tierra húmeda, drenaje. Lo justo para recordar de dónde viene.
Dentro de las casas, las cubetas, tambos y bidones. Varios, alineados, llenos de agua. Algo que se volvió parte de la rutina. Porque cuando el drenaje falla, la vida no se detiene, se acomoda, y eso es algo que se sabe en varias colonias de Morelia…

Del otro lado de la calle, bajo el sol directo, trabajadores de la cuadrilla de alcantarillado almuerzan. A unos metros de la zanja, a unos metros del problema. Todo ocurre al mismo tiempo, sin que una cosa detenga la otra.
Esta escena no es aislada, Morelia es una ciudad antigua, y debajo también lo es. Sistemas que fueron pensados para otra escala, otra cantidad de gente, otro ritmo. Con los años, se quedan cortos. Cincuenta años bajo tierra no suenan igual cuando se ven así, abiertos.
Y la razón de los vecinos a las afueras de sus casas: la entrega de maquinaria a trabajadores del OOAPAS. Sin templete ni mayor montaje: una bocina, funcionarios, prensa y, sobre todo, trabajadores.

Las máquinas estaban listas y llamaban la atención por lo nuevas que se veían frente a la tierra abierta. Ya con los logos de la dependencia, una retroexcavadora y y un camión de volteo eran los más presentes, por su tamaño, estos básicamente son los que rompen y escarban donde ya no se puede a mano y el que se lleva todo lo que se saca: tierra, escombro, lo que estorba, a unos metros, dos topos neumáticos, que sirven para meterse por debajo sin abrir toda la calle (como hacer túneles pequeños, pues) y dos compresores de aire, que son los que hacen que todo eso funcione. Dicho fácil, para quien no está metido en esto: unas rompen, otras sacan, otras se meten por abajo y otras hacen que las demás prendan…
No es menor que estén ahí. Entre más rápido se le pueda bajar de manera normal a la taza del baño, mejor.
Tener equipo propio fue una de laz razones de la inversión, porque cuando no lo hay, se renta. Y cuando se renta, se depende de tiempos ajenos, de disponibilidad, de quién más lo esté usando. Tener maquinaria propia no resuelve todo, pero sí cambia algo básico: cuándo empieza el trabajo y cuánto tarda en arrancar, y por supuesto, una inversión de recurso material para el OOAPAS. Equipo mas nuevo, más actual.
Sobre todo cuando lo que está fallando lleva años esperando.

El presidente municipal, Alfonso Martínez, no esquivó las críticas. Las puso en contexto: hay infraestructura que ya cumplió su ciclo, drenajes de hasta 50 años que hoy colapsan. Detrás de él, la zanja abierta sostenía lo que decía sin necesidad de mucho más.
Hubo aplausos, pero también reclamos.
Cuando terminó el evento, la escena se movió de lugar. Un vecino, el ingeniero Gilberto, se acercó. Alzó la voz, no para interrumpir, sino para hacerse escuchar. Dijo que en su casa se inundaban cuando llovía (nada nuevo en Morelia)

La maquinaria se quedó en su lugar, pero solo unos minutos, el trabajo sigue y no resuelve ese mismo día, pero marca un inicio. O al menos eso representa: intervenir lo que llevaba años funcionando hasta que dejó de hacerlo.
Mientras tanto, la calle sigue abierta.
Y con ella, algo más claro: que hay problemas que pueden pasar décadas bajo tierra, hasta que un día ya no caben ahí.





