Morelia, Mich./Xana Zamudio.-
“Esto de la pandemia es una anécdota que nos llevamos para siempre. Semana Santa fue la última semana que trabajamos y comprobamos que esa que vivimos, ojalá nunca más se vuelva a repetir”.
Amable y platicador, Armando Vélez es hijo de doña Paulita, fundadora de uno de los establecimientos de enchiladas morelianas más conocidos en Pátzcuaro, “La Pollita Feliz”, ubicado a la entrada del mercado municipal del pueblo mágico.

Con más de sesenta años de tradición, cuenta Armando, nunca haber pasado por una época tan crítica como la de la pandemia por COVID-19, de la cual aún se encuentran dando sus primeros pasos para retomar la venta.
“La contingencia estuvo muy cruel, pero cuando decidimos reiniciar, anduvimos anunciando en la calle el pasado viernes, y para nuestra sorpresa, ese mismo día tuvimos gente como si hubiera sido Semana Santa”, comenta gustoso.

Y, aunque dice que ninguna autoridad les restringió la venta, el pueblo se fue quedando cada vez más solo. Sin turistas caminando por las calles y el miedo de las familias por salir, decidieron cerrar por casi 90 días.
“Es un negocio netamente familiar. Damos empleo a personas ajenas a la familia, pero sólo en tiempo que hay mucho trabajo; 2 de noviembre, todo diciembre, Semana Santa y en vacaciones, pero ahorita ya no se sabe con esto de la contingencia”.

Con los meses por delante, Armando confía en que la gente comience a arribar al lugar y que el pueblo vaya tomando la vida comercial que antes de la pandemia, para que él y todos los comerciantes, puedan retomar sus actividades y la gente el disfrute de las tradiciones de Pátzcuaro.





