Morelia/Redacción
La peor tragedia sísmica en México se registró el 19 de septiembre de 1985, donde a tres décadas de distancia aún se desconoce el número preciso de víctimas. Las autoridades reportaron entre cuatro mil y siete mil, pero otras fuentes elevaron hasta más de 10 mil los fallecidos.
Esa fecha, a las 07:19 de la mañana la tierra de la capital del país se cimbró con un movimiento telúrico de 8.1 grados en la escala de Richter, cuya duración fue de poco más de dos minutos, suficientes para destruir en su totalidad aproximadamente 30 mil estructuras de la ciudad.
Fue de tipo trepidatorio y oscilatorio a la vez y registró una profundidad de 15 kilómetros cuadrados. Tuvo su epicentro en el Océano Pacífico, frente a las costas del estado de Michoacán, muy cerca del puerto de Lázaro Cárdenas.
La falla que produjo el sismo se localizó en la llamada Brecha de Michoacán, conocida así por su notable, hasta ese momento, carencia de actividad sísmica.
Se presentaron varias réplicas. La de más magnitud ocurrió al día siguiente, el 20 de septiembre a las 19:37 horas, de 7.3 grados Richter, cuando de nueva cuenta los ciudadanos se estremecieron y temieron lo peor; pero ya el daño mayor estaba hecho.
Vino la penosa tarea de descubrir a los muertos y buscar un sitio que sirviera de morgue para la alta cantidad. Se escogió el parque de beisbol del Seguro Social -hoy parte del Centro Comercial Delta-, donde se utilizaba cal y hielo para retrasar la descomposición de los cuerpos.
De acuerdo al sitio web Terremotos en México, más de 516 mil metros cuadrados de la carpeta asfáltica de las calles capitalinas resultaron afectados por fracturas, grietas y hundimientos, equivalentes a más de 80 kilómetros de una carretera de un carril.
También quedaron destruidos y afectados más de 85 mil metros cuadrados de banquetas, aproximadamente el área de 12 canchas del tamaño del Estadio Azteca, más sus respectivas guarniciones.
Inmuebles emblemáticos de la Ciudad de México se vinieron abajo, como el Hotel Regis, ubicado en el Centro Histórico, y que a dos meses del terremoto fue demolido. Actualmente en su otrora fachada se encuentra la Plaza de la Solidaridad y un monumento alusivo al temblor.
También el Edificio Nuevo León, en Tlatelolco, que contabilizó alrededor de 300 víctimas mortales y ante las fracturas provocadas debió deshacerse un año después, para dar paso, hoy, a un área recreativa en beneficio de los vecinos.
Otro caso es donde estaba el espacio de las Costureras, en el centro de la ciudad. Los interminables más de 120 segundos del movimiento bastaron para dejar sin vida a unas mil 500 empleadas; sólo menos de 20 pudieron ser rescatadas. En su memoria se erigió en el sitio el Monumento a la Costurera.
El Centro Médico de la colonia Doctores sufrió daños tras el sismo, donde perecieron al menos 300 personas bajo las piedras, hierros y escombros. Sin embargo, también hubo cientos de rescatados, y a la fecha se construyó en el lugar el nuevo Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Pero igual hubo momentos gratos dentro de la tragedia: El rescate de recién nacidos o bebés de pocos días de nacidos, como los tres que luego de siete días aún fueron hallados con vida en los escombros del Hospital Juárez. Sobrevivieron solos, sin el cobijo y alimento de sus madres, en medio de la adversidad, por lo cual recibieron el calificativo de los “Niños Milagro”.
Ese 19 de septiembre de hace 30 años y días posteriores quedó evidenciada la incapacidad del gobierno presidencial en turno, el de Miguel de la Madrid Hurtado, quien tardó 36 horas luego del temblor, para dirigir un mensaje a la nación donde desestimó la ayuda internacional. “Agradecemos las buenas intenciones, pero somos autosuficientes”, aseguró.
Meses después, durante la inauguración del Mundial de Futbol México 1986 en el Estadio Azteca, recibió una rechifla impresionante de los aficionados presentes, que le recordaron así su tibia intervención en la tragedia.
En contraste, la solidaridad ciudadana se hizo presente después del terremoto y se hizo cargo, como una masa unificada, de tareas de rescate de víctimas, sobrevivientes, que contribuyó a encontrar las respuestas que la autoridad no pudo ofrecer.





