Cherán, Mich./Samuel Ponce.- Al menos en el «corazón» de principal lugar de encuentros, en este municipio purépecha autónomo pareciera que no son tiempos del coronavirus. La vida pareciera transcurrir casi normal, sobre todo en los días de tianguis.

Imagen: Samuel Ponce
Y es que son días de un fluir de gente sin fronteras, sin cercos, van y vienen decenas de mujeres, mayoritariamente con sus hijos y sus bolsas a flor de mano, mirando en forma horizontal los puestos coloridos, algunos a ras del volcánico suelo.

Los del tianguis, son esos momentos en que no hay ningún tipo de cortapisa y que no hay siquiera el menor asomo de una sana distancia y menos de un quédate en casa, cada cual hace su andar cotidiano. No hay temor, a la vista.

Y es que ellos, el gran número de ofertantes y los oferentes que prácticamente tapizan la plaza mayor, van al día, viven al día, sin momentos de esparcimientos, no al menos en las horas hábiles.

Por eso, dicen, que en los días de tianguis «no nos podemos quedar en casa», aunque, acotan, tal vez si tomar una sana distancia, argumentando unos que si no venden no comen y los otros que sólo tienen lo necesario para adquirir sus despensas en estos momentos.
La oposición de situar el tianguis en cuarentena ha provocado un discreto operativo para implementar las acciones sanitarias mínimas, bajo el amago que al pronunciarse la fase tres en la lucha contra el corona virus, no habrá clemencia.
Sin clemencia. Hasta entonces.





