Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- Entre el vaivén de la mañana del centro histórico de Morelia, un coche toca el claxon apresurado, las meseras preparan las mesas para el desayuno y algunos músicos afinan sus guitarras para iniciar la chamba cotidiana.
Los portales del primer cuadro se van llenando de gente, mientras un hombre de sombrero cruza la calle, toma su instrumento de trabajo e inaugura los primeros tonos del clásico “Cielito lindo” de Quirino Mendoza.
“Ay, ay, ay, ay, canta y no llores”, entona para el público luego de retirarse el sombrero, donde recibe la mucha o poca voluntad de las personas.
Son incontables los hombres y mujeres que, como una opción de autoempleo, ofrecen su canto a cambio de unas monedas entre las calles cantera y los negocios. Ante la pandemia por covid-19 y el creciente desempleo, el número de personas sigue creciendo.





