Morelia/Acueducto
En la ciudad de Morelia es una tradición que en fechas cercanas al 12 de diciembre se instale una gran cantidad de comerciantes en las inmediaciones del templo de San Diego, conocido como Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.
Entre otras cosas, la venta de cañas de azúcar es un distintivo de esta práctica, lo cual ha derivado en hacer del evento una especie de feria popular coloquialmente conocida como “Cañafest”, término de reciente creación pero ideal para los jóvenes acostumbrados a los eventos denominados festivales, útiles para congregar a personas con la idea de divertirse y ¿por qué no? activar la economía local.
Como moreliano, recuerdo lo divertido que era recorrer la calzada de Fray Antonio de San Miguel cuando era niño, distraído por la vendimia y gustoso de subir a los juegos mecánicos, y disfrutar un rato en los futbolitos, que en aquel tiempo eran el atractivo principal para chicos y grandes.
No se si sea percepción mía, pero a través de los años el evento se degradó a niveles poco agradables, en algunas ocasiones incluso el consumo de alcohol se acostumbró como práctica habitual, los comerciantes acabaron con los pisos de la calzada; a fuerza de cincel y marro instalaban sus puestos que cada año incrementaban, ocasionando el daño a toda la zona, caos vial y desde luego, cantidades de basura suficientes para que el servicio público de limpieza se viera superado para controlar la proliferación de desperdicios.
Este año ya empezó la pintoresca “fiesta”, que poco o nada tiene de religioso, porque hay que recordar que el pretexto es homenajear a la Virgen de Guadalupe, que en la usanza católica representa el fervor de la fe del pueblo mexicano.



