Antonio Cornelio, trigo colibrí

Morelia / Nancy V. Herrejón

A la lejanía entre todas las personas que van y vienen dentro de la sala de cine un hombre tranquilo observa, con las manos guardadas en el pantalón y con una sonrisa clara y tibia acepta hablar, es Antonio Cornelio Rendón, artesano de la fibra vegetal del trigo.

Desde muy pequeño su familia le enseñó las técnicas ancestrales de la artesanía, fueron sus papás a quienes tuvo como sus maestros, él ( Antonio) es la tercera generación que trabaja la fibra vegetal, Panikua es el nombre que recibe la artesanía elaborada con la fibra, suena suave, como el roce de la misma.

“Ha habido muchos concursos artesanales en el municipio, yo no me daba cuenta, pero cuando me ya me daba cuenta concursé, y mi trabajo comenzó a ser más apreciado, valorado de otra manera”. La pantalla del cine cambia de manera continua las imágenes, se reflejan en sus ojos de luz mediana, en sus ojos de morena creatividad.

Actualmente tiene un taller de artesanías “Artesanías Panikua” ubicado en Tzintzuntzan, donde todos los días de la semana recibe a visitantes y público que quiera aprender este oficio, en un horario alternativo, él enseña y aprende a la vez, “hemos mezclado el conocimiento de las técnicas que aprendimos con nuestra familia con otras cosas, utilizamos ahora moldes de plástico, empezamos a elaborar moldes de diferentes formas, fue así que creamos las estrellas de Panikua”

El taller tiene ya funcionando algunos años, el Fondo Nacional para las Artesanías  (FONART), el Instituto del Artesano Michoacano (IAM) y la Comunidad Americana de Pátzcuaro han apoyado mucho su taller artesanal, por parte de las dependencias institucionales ha recibido capacitaciones para mejorar la atención al público, “desde el momento que las personas observan el proceso que llevamos para elaborar una estrella de fibra, es difícil que regateen” esto como parte de los beneficios de las instrucciones y consejos de la capacitación.

“Desde niño mis papás me llevaban al mercado tradicional de Tzintzuntzan a comprar nuestra materia prima, lo comprábamos ahí porque las personas que vendían eso iban a vender ahí, venían de las comunidades de Cuanajo y Sajo, todavía hoy ahí lo compramos” y al platicar una de sus manos sale, como si el recordar le hiciera palpar en ese momento algo de aquellos tiempos tan lejanos.

Su obra ha viajado por todo el mundo, la magia de sus manos no conoce fronteras, es un soplo de viento y vaho desde el colibrí de las montañas hasta el solar canto de un ruiseñor de su casa, “mi obra está en diferentes partes de la República, y también porque no decirlo, con una compra de la fundación Loewe de Madrid España, nuestro trabajo viajó por New york, Londres y París, algo que jamás nos hubiéramos imaginado.

Las voces comienzan a alejarse, más en algarabía se escuchan como ecos , la gente ha salido de la sala, pocos quedamos dentro, es hora de retirarse, no sin antes el maestro Antonio agradece la oportunidad que se le ha brindado de estar en el proyecto de la tercera edición de “Valoremos el trabajo artesanal” campaña gubernamental que busca mejores condiciones de venta y difusión para los artesanos.

Su magia fue grabada, su creatividad impregnada en un giro de luces y colores, “un gracias es muy poco para todo esto que están haciendo por nosotros” nos despedimos y los vuelos se alejan, la magia vuelve, sus manos están fuera.