Morelia/Enrique Castro
Francisco García se quita la máscara; él tiene 32 años y ahora luce un traje bordado con lentejuela y algunas chaquiras; collares largos y blancos cuelgan de su cuello, un sombrero adornado con plantas y flores.
El representa a la maringuia, en la danza de los Kurpites, en Nuevo San Juan Parangaricutiro, pero hoy, se vistió junto a su tocayo, quien se vistió de un arepiti, para hacer la difundir la festividad que se llevará en su tierra a cabo del 6 al 9 de enero próximo.

Esta danza que ahora es una competencia es una de las fiestas más grande del municipio, y su carga simbólica y tradicional la convierte en una festividad muy colorida.
Una cuadrilla de hombres vestidos con los trajes bordados se divide en tres grupos: La maringuia, el Arepiti y los Kurpites.
La primera representa a la mujer y el segundo al hombre sabio y experimentado, los terceros a los jóvenes.
Esta tradición inicialmente era para juntar y matrimoniar a un hombre y una mujer joven; ella durante todo el año borda y fabrica un traje que le ofrece al que le gusta y este a su vez junto con los demás, va a casa de la mujer y agradece el traje bailando.
La intención era casarse. El traje es bordado con lentejuelas, chaquiras, adornos y espejitos; el rostro se lo tapan con una máscara de madera.
Los Franciscos, uno García y otro Rodríguez, terminan de bailar para invitar a la celebración, ellos vinieron a Morelia para eso.

Y, ya sin la máscara, Rodríguez platica su forma de vida como Maringuia, dentro de la fiesta de los Kurpites:
“Tengo más de 15 años en esta danza, tenemos más eventos, nos piden ayuda para bailar, no solo el día de la fiesta; a mí me gusta mi tradición, es colorida y alegre”.
Siempre ha sido ese personaje, el cual es un hombre vestido de mujer y una máscara blanca y lisa con rostro femenino, “siempre he sido maringuia, que es la figura principal del bailable”.
Francisco es danzante, pero, la vida se la gana trabajando de quiropráctico en su pueblo, además de seguir estudiando: “todos tenemos diferentes trabajos” comenta refiriéndose a sus compañeros de baile.
Sin embargo, ellos bailan casi todo el año depende lo que se les requiera, y sobre esto platica que el tiempo se ha encargado de cambiar el fondo, ahora baila, pero no para matrimoniarse:
“Ahorita no es por casarse, antes sí. Ahora por las diferencias de tiempo, ha cambiado; antes era nacer, casarse y tener hijos y morir; ahora ya es distinta la forma de pensar, antes era una forma de expresar soltería y juventud y decidirse casar y salir adelante”, ahora lo ven y lo siente como una forma artística de expresión cultural.
Mientras Rodríguez platica esto, el otro Francisco da entrevistas y se toma fotografías con quien se lo pide, el ruido que hace los cascabeles que usa en las botas llena la sala.
En un espacio se le pregunta el precio de su atuendo y después de pensarlo afirma que es caro; ese dinero lo gastan las mujeres que quieren darle un traje al hombre que les gusta, y así con ese mismo, recibirlo en pleno baile.

La festividad se realiza en la plaza principal de la comunidad, debajo del santuario del señor de Los Milagros, iglesia y santos famosos por sus “milagros”, principalmente el de rescatar y resurgir al pueblo después de la erupción del volcán Paricutín a mediados del siglo XX.





