“Ahora se siente todo muy solo”.

Morelia, Mich./Acueducto/Xana Zamudio.- Elizabeth, una joven madre soltera, parece disfrutar de la tarde en Tzintzuntzan acompañada de sus pequeñas hijas, sin embargo, una preocupación constante la acompaña; su madre diabética que continúa trabajando pese a la emergencia por coronavirus (COVID-19) y su hermana mayor que se ha quedado sin ingresos.  

 “Yo trabajo como intendente en la presidencia (municipal) y nos avisaron que se iba a cerrar por lo del coronavirus que hay”, comenta Elizabeth, quien es habitante de la comunidad de Ojo de agua en Tzintzuntzan, Michoacán y quien hoy decidió salir a dar un paseo.

Imagen Xana Zamudio

Es una mañana calurosa de viernes y Elizabeth aprovechó para salir a disfrutar con sus dos hijas la sombra de los árboles del atrio del convento de Santa Ana, donde apenas se aprecian dos mujeres que caminan hacia el Templo de San Francisco, uno de los lugares más representativos y turísticos de este pueblo mágico.

 “Ahora se siente todo muy solo. Antes, cuando veníamos, había niños jugando, mucha gente y algunos visitantes, pero ahorita no hay nada de eso”, comenta en tono tímido bajo la sombra del olivo que arrulla a su hija más pequeña.

Imagen Xana Zamudio

Elizabeth dice ser parte del programa Jóvenes Construyendo el Futuro desde hace poco más de tres meses y es a través de éste que colabora en la presidencia de la localidad. A lo que comenta sigue recibiendo su beca integra que, aunque sea poco, le permite aportar a los gastos de la casa que comparte con su madre, sin embargo, comenta sentirse preocupada.  

 “Ella tiene diabetes y yo supe que ese tipo de personas no tienen que estar trabajando. Le he recomendado hablar con su jefa, pero teme que busque a otra persona en su lugar”, alude angustiada, “no me gustaría que llegara a enfermarse porque dicen que se ponen muy graves; ¡los aíslan!”.

 Y, aunque asegura estar temerosa por el coronavirus, confiesa no estar siguiendo las recomendaciones por completo, “le he estado diciendo a mi mamá que salgamos con guantes y cubrebocas, pero la verdad no lo hemos hecho, aunque en su trabajo sí le dan material de cuidado”.

Imagen Xana Zamudio

 De golpe, su hija mayor, quien corre y brinca en júbilo por los espacios del gran jardín franciscano, la envuelve en un abrazo para después reanudar su juego de pelota.

 Elizabeth dice también estar preocupada por su hermana quien es comerciante y vende sus productos en el mercado de Tzintzuntzan, pues desde el pasado 23 de marzo, el Ayuntamiento ordenó el cierre comercial de artesanías de las plazas de la comunidad, una de las principales y más importantes actividades para el sustento de las familias del pueblo quienes se caracterizan por su trabajo en alfarería, paja de trigo y tule.  

Imagen Xana Zamudio

 “Hace un rato estaba aquí conmigo, me dijo que no abre su puesto desde el lunes y que no saca ni para comer, ni para ella ni para sus hijos”, comenta preocupada.   

 Es medio día y Elizabeth parece no tener prisa en regresar a casa. “Alguna gente sí ha hecho caso y no ha salido mucho, es que es difícil, muchos tienen que salir a trabajar. Al mandado, por ejemplo, uno tiene que venir hasta acá porque casi no hay tiendas”, comenta mientras cuida que su hija no tropiece en algún salto.

 Finalmente, dijo sentirse incrédula al principio sobre el COVID-19, pero ahora, que se ha informado más sobre el avance de este virus y sentido las consecuencias de sus familiares, aseguró reforzar las medidas para su prevención y, así, cooperar para la protección de los más cercanos.