A los pies del Paricutín

Fotografía: Enrique Castro

Angahuan/Enrique Castro

El más joven de América y da mucho que decir. Se rodea de montañas de pinos, las altas nubes lo cubren en momentos y se pierde en la visión. Ahí está, quieto y para algunos amenazador, a sus pies, una mancha negra crea un camino y entierra una iglesia hasta la mitad de sus dos torres.

Fotorafía: Enrique Castro

Un paisaje de piedra volcánica, en las faldas del volcán Paricutín en Angahuan, es la cicatriz del nacimiento y enojo de este «monstruo» michoacano, convertido ahora en un atractivo para muchos visitantes.

Fotografía: Enrique Castro

Desde el pueblo, 30 minutos a pie o 10 a caballo llevan a los turistas por un paisaje que va de un tupido bosque de pino, característico de la zona purépecha, a un caso desierto negro de dura y amontonada piedra.

Fotografía: Enrique Castro

Aquel 20 de febrero de1943 el volcán hizo erupción y sepultó el pueblo de Paricutín y San Juan Parangacutiro, está provocó un éxodo que termino en la creación de San Juan Nuevo Parangacutiro.

La antigua iglesia ahora yace sepultada bajo lo que antes fue lava, solo se mantiene una torre completa, la otra a la mitad es el altar, el cual ahora luce con veladoras, de agradecimientos, de «milagritos».

Fotografía: Enrique Castro

Para llegar ahí, hay que casi escalar piedra tras piedra, alguna ya tiene trazos de camino. El Paricutín, desde lejos «mira» las consecuencias que hizo con su erupción, sin embargo, luce fuerte y duro, enclavado en la meseta y reclamando el lugar que le merece.