Morelia, Michoacán | ACG.- El café soluble no es café, el americano contiene más cafeína que un expreso y abrir una cafetería exige una máquina de cientos de miles de pesos. Son algunas de las creencias más extendidas sobre una de las bebidas más consumidas del mundo, aunque varias de ellas carecen de sustento, explicó Óscar Vicente Gómez Mendoza, docente de la Licenciatura en Gastronomía de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ).
Como parte de la formación de sus estudiantes, el académico realiza ejercicios olfativos para comparar distintos tipos de café. A partir del aroma del grano recién molido, explica, es posible identificar características que muchas veces pasan desapercibidas cuando la bebida ya está servida en la taza.
Uno de los mitos más frecuentes tiene que ver con el café soluble. Gómez Mendoza aclara que sí proviene del café, ya que se obtiene a partir de un extracto al que posteriormente se le retira el agua mediante procesos industriales, como la liofilización o el secado por aspersión.

Precisó que existen productos elaborados únicamente con café y otros que incorporan azúcar u otros ingredientes, por lo que recomienda revisar la etiqueta para conocer su composición.
Aunque reconoce que el café soluble ofrece practicidad y suele ser el primer contacto de muchas personas con esta bebida, considera que quienes deseen descubrir nuevos aromas y sabores pueden comenzar a explorar cafés de grano fresco y conocer su origen.
Otro de los relatos más conocidos es el del café americano. La versión más difundida señala que soldados estadounidenses destacados en Italia añadían agua al expreso para asemejarlo al café que acostumbraban consumir en su país.

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Sin embargo, el especialista subraya que se trata de una historia popular. «Es un mito tal cual, es una historia», comenta al referirse al origen del nombre de esta preparación.
Respecto a la cantidad de cafeína, explica que un americano elaborado a partir de un solo expreso conserva la misma dosis de cafeína. La diferencia es que el agua adicional reduce su concentración, pero no incrementa la cantidad del estimulante presente en la bebida.
«La cafeína sigue siendo la misma», señala. Solo cambia cuando se utilizan distintas cantidades de café o métodos de extracción diferentes.
También descartó la idea de que sea indispensable adquirir una máquina profesional de alto costo para iniciar un negocio cafetero.

«Depende mucho de la capacidad y el flujo productivo que puedas tener», explica. Mientras un establecimiento con alta demanda requiere equipos de mayor rendimiento, un emprendimiento pequeño puede operar con métodos manuales sin sacrificar la calidad.
Como ejemplo, menciona puestos instalados en tianguis y pequeños negocios que preparan café con métodos artesanales y granos mexicanos. Considera que este tipo de proyectos también contribuye a acercar a los consumidores al origen del café y a fortalecer el trabajo de productores y tostadores nacionales.



