Pinceles contra píxeles: el oficio de los rotulistas que se resiste al paso del tiempo

Pinceles contra píxeles: el oficio de los rotulistas que se resiste al paso del tiempo
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Cuitzeo, Michoacán | ACG.- En una época dominada por pantallas, diseños digitales y letras creadas con programas de computadora, los pinceles todavía tienen un lugar en las calles. En Cuitzeo, el oficio de los rotulistas sobrevive entre trazos hechos a mano, colores mezclados sobre una paleta y una forma de trabajo que se niega a desaparecer frente a la velocidad de los píxeles.

El contraste entre lo antiguo y lo moderno también se refleja en otros espacios del municipio, como el exconvento agustino, donde los muros conservan pinturas de siglos pasados, los pasillos guardan la memoria de generaciones y un órgano tubular alemán de 1691 mantiene viva su voz dentro del coro de la iglesia.

La historia de este conjunto arquitectónico comenzó el primero de noviembre de 1550, cuando fue colocada su primera piedra. Desde entonces, sus estructuras han acompañado las transformaciones de Cuitzeo y permanecen como uno de los testimonios históricos más importantes de la región.

Al frente del cuidado de este espacio se encuentra Leonardo Ramos Pintor, trabajador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y responsable del exconvento, quien conoce cada rincón del inmueble y las condiciones que enfrenta para mantenerse en pie.

Durante el recorrido aparecen las pinturas murales como una de las principales huellas del pasado. Algunas pertenecen a los siglos XVII y XVIII, al igual que esculturas y obras al óleo que permanecen dentro de distintas salas del recinto.

Uno de los espacios con mayor riqueza pictórica es la sala capitular, donde los muros conservan imágenes que permiten observar parte de la historia religiosa y artística que quedó plasmada en el edificio.

Pero en el exconvento hay un lugar donde la memoria no solamente se observa, también se escucha.

En el coro de la iglesia permanece un órgano tubular alemán construido en 1691. El instrumento, dividido en cuatro octavas y con parte de su sistema original, incluido el fuelle, continúa funcionando después de más de tres siglos.

No es una pieza detenida únicamente para contemplación. El órgano todavía participa en celebraciones religiosas de Cuitzeo y en conciertos locales, nacionales e internacionales, donde sus notas vuelven a ocupar un espacio construido hace cientos de años.

Durante el Festival Internacional de Órgano de Morelia, el antiguo recinto recibe nuevamente música que conecta distintas épocas: un instrumento del siglo XVII interpretado frente a nuevas generaciones de visitantes.

Sin embargo, conservar un edificio con casi cinco siglos de historia implica enfrentar problemas que no siempre son visibles para quienes recorren sus salas.

Pinceles contra píxeles: el oficio de los rotulistas que se resiste al paso del tiempo
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La humedad, el salitre y los movimientos del terreno forman parte de los principales riesgos que afectan al inmueble. Ramos Pintor señala que una falla geológica ubicada en la parte posterior del exconvento tiene efectos sobre la estructura y el suelo.

A ello se suman las variaciones provocadas por los cambios en las condiciones del lago, con periodos de sequedad y humedad que generan movimientos en el terreno. Uno de los efectos visibles, explica, es la inclinación del edificio hacia el lado sur.

Entre 2006 y 2010, el conjunto recibió una intervención de restauración importante. Actualmente, el mantenimiento cotidiano continúa con labores de limpieza y atención de daños menores, mientras que los trabajos mayores requieren la intervención de áreas especializadas del INAH.

La conservación depende de una plantilla reducida. Son alrededor de 10 trabajadores entre personal administrativo y custodios, incluidos quienes cubren los turnos nocturnos, encargados de vigilar y atender un espacio que resguarda siglos de historia.

El órgano también necesita cuidados constantes. Su mantenimiento se ha realizado mediante la coordinación entre el INAH, la Secretaría de Cultura y, en algunos momentos, con apoyo de la propia comunidad.

Pinceles contra píxeles: el oficio de los rotulistas que se resiste al paso del tiempo
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Mantenerlo activo permite que no sea solamente una pieza histórica, sino un elemento que continúa formando parte de la vida cultural y religiosa de Cuitzeo.

A pesar de los desafíos, las puertas del exconvento permanecen abiertas para quienes buscan conocer sus espacios. Cada visitante encuentra pinturas que resisten el paso del tiempo, estructuras que muestran las marcas de los siglos y sonidos que todavía sobreviven entre sus muros.

En Cuitzeo, la historia no está únicamente escrita en documentos. Está en las paredes, en la madera de un órgano de 1691 y en las manos que trabajan para conservar lo que otros siglos dejaron.

Preservar este lugar significa mantener vivas imágenes, voces y sonidos que forman parte de la memoria colectiva de Michoacán.