Silvano, Confucio y Mandela

Foto: ACG

Morelia/Omar Arriaga Garcés

Ni en el estacionamiento ni en los alrededores había donde ubicarse, autobuses de estudiantes de secundaria y preparatoria llegaban al Centro de Convenciones y Exposiciones de Morelia (Ceconexpo). Era 15 de marzo y sólo podía significar una cosa: la primavera había comenzado.

En el interior, tras breves quince minutos de retraso, el gobernador Silvano Aureoles Conejo indicaba con frases de Confucio y Nelson Mandela que la educación es un arma y que esa arma sirve para eliminar las diferencias y para ser críticos, “porque no hay que conformarse con lo que nos ofrece”.

Mientras daba los pormenores del Programa Beca tu Futuro, cuyo inicio había sido anunciado desde hace tiempo por el mandatario y constituía una de sus promesas de campaña, una pareja de jóvenes se tomaba de la mano.

Se levantaban y reían, luego volvían a sentarse y con sus uniformes de prepa daban el otro anuncio, el que no era el oficial: los ciclos se repetían y el mundo reverdecía y ya estaba de vuelta la primavera con sus hormonas y sus miradas y su piel entre traslúcida y marrón, como esos duraznos que están al punto para ser cosechados.
“Esos ni están poniendo atención al evento, el gobernador estaba hablando y ellos agarrados de la mano y diciéndose cosas al oído”, comentó una reportera en el Salón Michoacán.

Antes había hablado Giulianna Bugarini Torres, directora del Instituto de la Juventud Michoacana, quien resaltó la edad del mandatario, el no ser un gobernador viejo y el que esté abierto a la crítica, porque eso es la juventud.
A las afueras del salón, en el patio, una pantalla gigante y stands para el registro de aquellos que solicitarían una de las 50 mil becas del gobierno estatal para este año; los jóvenes desbordaban el recinto y fue necesario poner sillas en el exterior para que todos pudieran escuchar los discursos.
“Como prometió el gobernador en campaña…”, comenzó la secretaria de Educación en el Estado (SEE), Silvia Figueroa Zamudio, que habló del gran rezago en la materia en el estado. “Fue compromiso de Silvano Aureoles…”, secundó Miriam Tinoco Soto, secretaria de Política Social (Sepsol), cuando refirió que la delincuencia no era el camino para salir de las condiciones de precariedad.
Algunos aplaudían, otros reían y unos más arrojaban porras cuando se daban cuenta que uno de sus compañeros estaba en el presídium junto al gobernador para recibir una de las becas, mientras los discursos se desarrollaban.

Sin embargo, cuando el delegado de la Secretaría de Gobernación (Segob) federal en el estado, Florentino Coalla Pulido, tuvo su intervención, el alto nivel de los murmullos, de las risas, de los gritos, no dejó escuchar las palabras que el funcionario articulaba para hablar de la educación y el mejoramiento social que ésta suscita en la sociedad.

Cuanto tocó el turno al mandatario estatal los jóvenes arrojaron otra porra y el gobernador les correspondió: “Alcen las manos las mujeres”, y las estudiantes levantan las manos; “alcen las manos los hombres”, y muy pocos jóvenes las levantaron. ¿Nos van a ganar las mujeres?”, preguntó Aureoles Conejo. Algarabía y chiquitibum-a-la-bin-bon-bas.

“El arma más poderosa para cambiar el mundo es la educación, lo dijo Nelson Mandela; su meta es formar mentes críticas que puedan edificar y no aceptar todo lo que se les ofrece; cada generación debe hacer las cosas de manera distinta, no repetir lo que han hecho otras generaciones”, dijo el gobernador.

Una vez terminado el evento, como en las descripciones de Octavio Paz del panorama político mexicano, todas las jóvenes estrellas y pequeños planetas, así como otros más grandes, giraban en torno al sistema solar local que en el centro tiene al mandatario estatal; unos se querían sacar la foto, otros querían saludarlo y la prensa buscaba la declaración del día.

Pero tan rápido como habían arribado los estudiantes al evento, así salieron del recinto, subieron a autobuses guiados por profesores y directores de escuelas, y en diez minutos -salvo por funcionarios del estado, organizadores del evento y los rezagados- el Salón Michoacán lució vacío, aunque el eco de los murmullos y las risas seguía percutiendo en la calle, donde pronto se olvidó el aire y el frío de una semana antes.