Pátzcuaro/Julieta Coria
“Para no hacer de mi ícono pedazos, para salvarme entre únicos e impares, para cederme un lugar en su parnaso, para darme un rinconcito en sus altares…” El Necio, ni más ni menos, en voz de Silvio Rodríguez retumbó en la plaza San Francisco, en el municipio de Pátzcuaro, cuando Andrés Manuel López Obrador, arribó con un séquito de hombres, vestidos de blanco, similares en su andar.

Como un día feriado, o un domingo familiar, así se respira la calma en Pátzcuaro, la visita del candidato de Morena ha inutilizado las calles principales, al paso de los carros. No Estacionarse. No hay ni un solo lugar, en la plaza Don Vasco fieles católicos esperan la llegada de “Santísimo” en el dia de Corpus Cristi, en la plaza contigua, otros miles esperan el “mesías” AMLO bajo el plomo del intenso sol, resisten, todo sea por ver a Obrador.
Algunos periodistas se encuentran listos a la espera, el calor insoportable rebasa los 30 grados, sin una lona que les cubriera, resisten con botellas de agua, capturando las imágenes, de quienes anhelan ver al candidato.

Ellos, los que esperan, dicen poco, solo observan mirando al horizonte esperando a que aparezca por el camino que entre vallas han instalado, las banderas morenistas ondean por el abarrotado lugar, hay quienes portan el rostro plasmada en sus camisas y activistas con la bandera gay ondear junto a las de AMLO.
Señores de la tercera edad la mayoría, otros más con un grupo de niños inquietos, jóvenes acompañado a sus abuelos, y cientos de curiosos que tuvieron que decidir entre el Corpus Cristi y la esperada visita a tierras michoacanas de Obrador, pero no, hombres y mujeres de gestos nobles, de pies cansados, no traen consigo ni tortas, ni mucho menos frutsis, solo las ganas de ir tan solo a ver desde lejos…

Una señora que rebasa los 70 años ha permanecido sentada dormitando en una banca con un enorme sombrero café y un paraguas azul para resguardarse del sol, hace dos horas que espera tomando agua en compañía de su hija y sus nietas, se levanta de inmediato al grito de “ya está aquí el próximo presidente de México” hay euforia, suenan la matracas, ondean las banderas y ella, sin importarle nada pide ayuda y sube a la banca “ya lo vi, ya lo vi” dice emocionada.
La miradas clavadas al hombre vestido de blanco , sobresaliente de cabellera blanca sonriendo siempre sonriendo y saludando a todos a su paso. Ha llegado Andrés Manuel López Obrador, un grupo de no más de 50 personas a su lado, los camarógrafos, preparan su cámara y disparan con su lente al hombre que luce tranquilo, sencillo, saluda a todos a su paso, transmite tranquilidad y un carisma al mirarse en el reflejo de sus ojos.

Ya está todo preparado y un séquito de seguidores lo busca para tomarse la foto del recuerdo. El templete está listo. El vuelo rasante pájaros de alborotan sobre los árboles alrededor de la plaza como si anunciarán la bienvenida, o solo buscarán un refugio ante la euforia y el tumulto por la visita de AMLO. A toda velocidad cruzan por entre la multitud.
La gente está contenta. Se le mira en los ojos. Cuando Andrés Manuel habla, la gente escucha. Cuando dice que basta de corrupción, la gente aplaude. Cuando, por ejemplo, Andrés Manuel confiesa: “no voy a fallarles”, muchos ovacionan y una señora grita fuerte (tan fuerte que se escucha en casi todos lados) la frase “yo sé que no”. Y es que la gente responde. La gente está atenta: no se mueve.
Las palabras Obrador no fueron nuevas. Las ha pronunciado en repetidas ocasiones, en diversas plazas, en todos los lugares y los medios de comunicación, por supuesto. Pero la gente quería escucharlo de viva voz del candidato, “soy terco, soy necio, soy Manuel”.
Y, así comenzaba su discurso…
La gente se enoja cuando habla de las pensiones a los expresidentes. La gente aplaude cuando Andrés Manuel dice que habrá ahorros, y que el presupuesto servirá a la gente y no a unos cuantos ladrones, y que la corrupción se irá terminando en México.
La gente está conectada. Está interesada. Está pensando en lo que está escuchando. Por eso, cuando Andrés Manuel dice: “El que quiera un puesto que se vaya al mercado. Aquí estamos buscando la transformación del país”, la gente sonríe y grita sí y aplaude y aplaude y aplaude.
La gente no es tonta. La gente entiende. Y la gente está cansada de un país que da principalmente pobreza y desigualdad. La gente quiere un cambio. Concluye el evento.
Desaparece el efecto Obrador, pero el eco no, se ha quedado marcada la incesante voz por la justicia, por un cambio, un cambio verdadero…





