Morelia/Enrique Castro
En el corazón del “audi”, hay una calle llena de pequeños contenedores y señores frente a ellos, estos espacios lucen llenos y amontonados de fierro viejo; amarillos y marcados en su mayoría, son los cajones o “puestos” de los que fueron iniciadores de este tianguis dominical moreliano.
Salvador Gutiérrez y Rubén Gonzales son compadres y platican de “cosas de la vida” mientras venden, o mejor dicho mientras ven a las personas pasar y ver la mercancía.

Uno fuma y el otro se toma una cerveza para el calor. Cuando se le pregunta el tiempo que llevan en el tianguis, Salvador dice que “casi 30 años, éramos casi 40 personas que vendíamos fierro viejo aquí, todos los días, ya muchos han fallecido”.
Entre los productos que vende, se puede observar: teléfonos viejos, chapas, herramientas, placas, desarmadores, martillos, bases para maceta, cadenas, encendedor, máquinas de escribir, limas para hojalateros, mangueras, ventiladores… un sinfín de artefactos usados y fierro viejo; “incluso hay gente que nos compra martillos sin orejas” Afirma Salvador señalando un martillo que está en el suelo y efectivamente está dañado de un lado.
Los amigos pasan y saluda, se sientan un rato y se van, Rubén afirma que la venta ya ha bajado y justifica con que “La venta ha bajado debido a la economía y el gobierno que no paga, ya no hay acción”.
Él es un hombre de pocas palabras y muchas monosilábicas respuestas.

Cerca de la calle del fierro viejo, otra rúa muestra montañas de ropa amontonada y personas alrededor escogiendo y buscando algo que les acomode.
“No se vista gaaaacha, use ropa gabacha” grita un vendedor en lo alto de la montaña y genera risas entre las mujeres que ahí están cerca comprando. Y es que estos lugares venden ropa de segunda mano, comprada en bultos o traída desde la frontera para revender.
Ellos la venden a 30 pesos la pieza, y la mayor parte luce en buen estado, arrugada solamente. Este puesto esquinero lleva más de diez años, y el encargado afirma que le va bien, pero no le gustan las fotos a él. Platica que la venta de ropa es uno de los ejes principales del tianguis, “con esto se inició, ahora ya se vende todo, pero el negocio ahí va” al mismo tiempo. Los trabajadores van de aquí para allá con bolsas de plástico para los clientes que compran algo, incitando a los paseantes a quedarse a ver y adquirir; “paaaasele paaaaasele, a 30 güeeerita”, algunos miran al cielo por que se avecinan nubes que amenazan con lluvia, entonces, aceleran el grito para para que el agua no los agarre por sorpresa.





