Morelia/Constanza Orozco
El día era nublado, lluvioso. Las pequeñas gotas de lluvia pellizcaban la piel al impactar contra ella. Las personas iban casi en fila; entrando una por una a la casa Natal de Morelos en el centro histórico de Morelia.
Poco a poco un grupo de personas, de lento caminar y con expresiones de alegría, llegaban a buscar el mejor lugar para la enorme sala en el cine club, y así poder disfrutar del buen cine mexicano.
El reloj que se encuentra a la entrada de la sala de proyección marca que faltan solo pocos minutos para que inicie la función y un anuncio cuelga amenazante e indica que una vez iniciada la película no se podrá acceder a la sala.
Ahí, en ese recinto histórico es donde todas las semanas desde hace 35 años se llevan a cabo estas proyecciones de cine en la sala audiovisual del museo. Se presenta todos los martes y jueves las 17:00 y sábados, a las 16:00. Totalmente gratuito.

Asistieron grupos de amigos, parejas de novios y casados, medres e hijas, hermanos, y algunas personas no requirieron de nadie para ir a disfrutar de las películas, pero todos absolutamente todos iban por el simple gusto de ir al cine.
La película era “la Bandida” que estelariza “la doña” María Félix junto con Pedro Armendáriz, Emilio Fernández y Katy Jurado. Película realizada en 1963, bajo la dirección de Roberto Rodríguez. Esta historia, un drama que trata acerca de una prostituta que vive en el contexto de la revolución mexicana que posteriormente se convierte en la manzana de la discordia para dos rivales y enemigos declarados.
Las personas que asistieron a esta función eran en gran porcentaje adultos mayores, que a lo largo del filme tenían impresa en el rostro, una expresión de nostalgia. Se escuchaba retumbantes las risas y carcajadas, acompañadas de las expresiones de asombro. Incluso hubo lágrimas, aquellas que escurrían sobre las mejillas de todos. El ambiente era conmovedor.
“La doña” era implacable, tan viva como todos la recordaban, tan fuerte y hermosa.
El audio y el papel de la imagen remontaban a aquellos años, que eran tiempos de icónicas actuaciones y e historias que aún hoy, nos hablan fuerte y claro, en presente.
Afuera, al terminar el clima seguía frío y húmedo, el cielo seguía gris y con una atmosfera en la que se exhalaba melancolía, y a pesar de todo, la gente salía verdaderamente contenta, alegre, con un brillo muy particular en su mirada.
La mayoría son frecuentes visitantes del cine club, asisten a cada temporada y continúan yendo porque la programación los deja satisfechos. Tienen la certeza de que aquél que se dedica a armar la cartelera tiene gran noción y amplio conocimiento de lo que es el “buen cine”
Todos se retiran con buen sabor de boca de esta función tan icónica del cine mexicano en el mes más patrio del año y en la cálida ciudad colonial de Morelia.






