Alfredo Ramírez, el silencio morenista | Samuel Ponce

Imagen Felipe Ochoa

Editorial Acueducto

1.- A más de un mes de asumir la titularidad del Poder del Ejecutivo en Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla ya tiene una serie de serios conflictos, algunos de su competencia y otros no, pero que impactan en la percepción de un buen, regular o mal Gobierno, de ahí que él y, principalmente, su operador político gubernamental, Carlos Torres Piña, debieran estar ocupados en cuando menos aminorarlos.

2.- Si, una serie de conflictos que más allá de la luna de miel y del beneficio de la duda, y por el momento, no han alcanzado el real impacto mediático cuestionable, porque tiene enfrente una endeble oposición que está más enfocada a discernir sus propios problemas internos, así como una política gubernamental, casi idéntica a la federal, de más abrazos que confrontaciones, por no decir la palabra balazos.

3.- Sin embargo, ahí están esos conflictos, a enfrentar por el Ejecutivo estatal: desde la casi imposibilidad de obligar, sin condiciones, a que todos los maestros regresen a clases presenciales, pasando por unos egresados normalistas que crean caos en la entidad en demanda de plazas automática, hasta un creciente desabasto de medicamentos, sin dejar a un lado casos como Tarecuato, por dar unos ejemplos.

4.- Cierto, en contraparte, pero con los esquemas de sus antecesores, a excepción de la famosa práctica de la «licuadora», como lo son empréstitos y adelantos de participaciones federales, ha logrado desactivar protestas de trabajadores gubernamentales por la falta de pagos y prestaciones, asegurando tales de aquí hasta el fin del año, porque el próximo se espera que sea diferente, aunque no tan halagador.

5.- Ante todo ello, el silencio morenista…