Enrique Castro/Acueducto On line
Para Andrea Zahory Leon, hoy era un día normal, su madre le dijo que iba a ir a desayunar con las maestras que le brindan enseñanzas.
Sin embargo, cerca de las nueve de la mañana el rumbo cambió y el destino fue El cuartel Morelos de la XXI Zona Militar en Morelia.
Un contingente de soldados la esperaba, ellos le tenían un traje militar a su medida con todo y el gorro y la placa. La banda de guerra formada en el centro del cuartel, dos batallones de infantería y tres unidades caninas.
Un acto militar en forma y protocolo y para la sorpresa de ella, hoy seria soldado por un día. Se hicieron honores a la bandera frente a ella, su mirada parecía no creerlo y lucía un poco seria, muchas cosas al mismo tiempo.
Desde los 5 años quería ser soldado y ahora de golpe le llegó todo. Después de los honores, la nombraron soldado honorario y le entregaron el título que merece junto a una placa (al cuello) con su nombre.
Con incredulidad venía a los militares formada frente a ella con rigurosa disciplina; su familia y muchos periodistas a un costado tomando fotos y videos, al fin se dio cuenta que hoy era su día. Acto seguido se trasladaron al comedor a desayunar, un menú sencillo pero vitamínico para un día lleno de emociones.
El corneta de la banda anunció el fin del desayuno y el inicio de la demostración de habilidades, ahí frente a ellos, la soldado Andrea Zahory escucho las piezas que tocaban, los tambores frente a ella lograban que los sonidos retumbaran en todo el patio, las trompetas al compás de los toques militares y la mirada de ella fija en lo que pasaba.
Una sonrisa enorme salió de su rostro cuando se le acercó un soldado y le presto y enseñó cómo dar órdenes para seguir con la música. Dio la orden final y al unísono la banda calló, seguida de un aplauso y la sonrisa del soldado honoraria.
Dos elementos del ejército la llevaron frente a la tropa. Ahí, la demostración fue de ordenes; “Presentar”, “en descanso” “Saludar”.
Ella vio y repitió las órdenes, la tropa obedeció de manera perfecta y el asombro en los ojos de Zahory llego a un brillo intenso; sabía que estaba ahí y sabía que estaba disfrutando y siendo feliz.
Un equipo de comunicación estableció señal desde otro punto y se puso a la orden de ella por medio de un teléfono. Las unidades caninas estaban ya ahí al final, ella se puso a un lado y observo como los pastores belgas brincaron obstáculos y encontraron “droga”, al final le dieron el saludo militar a la forma canina; “le dieron la patita”.
Lo mejor estaba por llegar, un vehículo militar descubierto llegó y la invitaron a subir, en la parte de atrás, como si fuera desfile, recorrió el patio central y salía del cuartel.
Ella muy feliz saludaba a la gente de manera militar, con un mano en la frente. Su familia en otro carro la seguía y le tomaba fotografías. El vehículo volvió a entrar y el recorrido terminó por ese momento.
Las tropas rindieron honores y se despidieron de ella. El recorrido ahora fue por las instalaciones del cuartel.
Ella, tuvo un día especial donde uno de sus sueños se hizo realidad, un día donde por muchas se le olvidó ese tumor que tiene en la mandíbula y el anterior que tuvo en el cuello. Se olvidó que sus clases son en casa debido a su enfermedad y se olvidó de la preocupación de su madre por la falta de dinero para los tratamientos.
Lo que nunca se le va a olvidar es que su sueño de ser soldado lo pudo cumplir.





