Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- “Uarhukua, El Juego de los dioses” es un libro infantil en donde ilustra el relato por el cual los purépechas crearon e hicieron parte de su cultura este juego.
El libro relata la historia de Ahchuri hirepe, el señor de la noche, quien retó a un juego de pelota a Cupanzieeri, el Sol viejo que vivía en el poniente para quién reinaría en la tierra: la luz o la oscuridad.
Después de una larga partida, el sol viejo se cansó y fue derrotado por el señor de la noche, fue así como la tierra se envolvió en oscuridad.

Luego, Siratatapezi, el sol jóven, salió a cazar y una iguana le contó que su padre había sido retado y, por perder, fue crucificado y enterrado en poniente; fue directamente por él a desenterrarlo y el sol viejo revivió siendo un ciervo, así que corrieron juntos para iluminar la tierra.




Según los purépechas, esta batalla se juega cada vez que el sol se oculta en el horizonte, pues es vencido por la noche hasta que el sol joven lo rescatan y, juntos, salen desde el oriente, regalando el amanecer y la luz del día.
Desde entonces, los purépechas quisieron imitar el juego tomando madera de tejocote para palos y árbol de colorín para las pelotas, éstas son embadurnadas en resina de pino para prenderlas en fuego simulando al sol que rebota en los cielos al ser golpeada por los dioses.

Teresa Quezada, autora de este libro, tenía la idea de solo relatar la historia e ilustrarla para facilitar el entendimiento de este juego autóctono en los niños pero, por consejo de su esposo, agregó, al final, las reglas del juego.
“Uarhukua, El Juego de los dioses” explica, a detalle, dónde y cómo jugarlo, qué medidas necesita un bastón para cada jugador, en qué canchas se juega, cuántos jugadores necesita y el proceso de formar una pelota para el Uarhukua.

Este libro fomenta y enseña a los más pequeños una de las tradiciones más antiguas del estado de Michoacán, pues los dibujos y la gran historia de esta práctica motiva a niños y jóvenes a interesarse por el Uarhukua.





