Morelia/Héctor Tapia
Morelia hace 15 años fue un lugar donde predominaban las llamadas Peñas, establecimientos donde había mayoritariamente presentación de eventos artísticos y culturales; estos espacios fueron desapareciendo poco a poco porque se fueron volviendo cada vez menos rentables económicamente.
A la par también en los últimos años ha habido una disminución en el presupuesto para la cultura.
“Si no tocas pirecuas, o no bailas la danza de los viejitos” es muy difícil que puedas ser contemplado en los presupuestos para atender proyectos culturales, señala Abraham Salazar García, abogado que a fuerza de no soltar su pasión por la guitarra se convirtió primero en trovador.
El “Trovogado” como ahora le llaman, a partir de las dos actividades a las que se dedica, es originario del Estado de México, aunque que desde su infancia se mudó a Morelia.
Llega, cubierto como siempre, con su boina, casi de lado, cargando su guitarra, cables y atril; como cada jueves se presenta en el Jardín de las Rosas. Ahí llega después de atender los asuntos legales que lleva en su despacho.
Recuerda que hace más de una década los trovadores podían elegir en qué peña tocar; hasta “una diferente cada día de la semana”. Agrega que ahora ha cambiado la situación, “los negocios no son rentables, se van abriendo poco a poco los foros”.
Abraham, o “Abo”, como también le dicen, inició en estudiantinas del Estado de México, cuando iba en la primaria; “era bastante inquieto”. Desde entonces, agrega, “la guitarra desde entonces se vuelve amiga y compañera”.
Cuando llega a Morelia se topó con que en la capital había muchas actividades culturales “a flor de la cantera”.
Influenciado en su inicio por la música del defeño Fernando Delgadillo, quiso entrar a estudiar música pero no lo dejaron en ese momento. “Estudia algo de a de veras, que no te mueras de hambre”, le dijeron sus familiares en su momento.
Determina estudiar Leyes. Dice que “hacer demandas era muy parecido de hacer canciones”; ambas actividades, señala, “son muy de lógica, cada quien le puede ser su propio toque. Es decir, en una demanda es interesante adentrarse en lo que te está planteando una persona”.
“Abo” señala que él dice siempre que es abogado, no licenciado en leyes. Porque éste último sabe de tecnicismos de leyes, pero no aboga por las cosas que cree correctas, “yo generalmente es lo que hago, heme aquí jodido y doblemente desconocido”, dice en tono de broma.
Sin empacho dice que ahora, una vez concluida su carrera, trabaja mucho más como músico que como abogado. Aunque lleva las dos actividades. Son dos carreras celosas y apasionantes, señala el Trovogado.
Considera que en lo que refiere al campo del derecho en Michoacán, éste “se ha vuelto un espacio más de grilla”, que toma la academia como bandera para la política. La grilla nos merma mucho.”
“El derecho y la política, son increíbles, pero lo que ha mermado al derecho es la grilla. Las normas jurídicas no pueden estar inmersas en los caprichos de los gobernantes”, remarca. El tema le apasiona.
Actualmente, dice, “hay una nueva generación estamos intentando romper los paradigmas, del: ‘es un mal necesario’, del ‘es que no hay de otra’.”
Agrega que las nuevas generaciones se están preparando más y “están poniendo el dedo en la llaga, y señalan a quienes han vivido todo el tiempo del erario público”.
El cambio de la sociedad tardará en darse completo; “tardamos 70 años en romper el paradigma de un partido. Creo que nos tardaremos un rato”, lo importante, dice, es que “la chamba se está haciendo”.
“Tenemos que avanzar en la legalidad y en la política de a de veras, y dejar las grillas”.
En lo que respecta al terreno cultural, añade que Morelia “es un escaparate tremendo” y esto obliga a los artistas y creadores a poner un plus a lo que hacen para ir ganando espacios.
Aquí indica que antes, “mal que bien”, había más apoyo gubernamental para los creadores locales; ahora, apunta, “hemos avanzado más en el terreno creativo pero cada vez menos lana hay de parte de las instituciones”.
Los pocos recursos que hay actualmente se destinan para el aparato burocrático encargado de cultura que no se dedica al arte ni a la creación.
Dice que las consecuencias de no destinar más recursos a la cultura y al arte, a los artistas propios, locales, se irán acentuando, “se tendrán problemas serios con nuestros artistas, porque no les es rentable, nada más”.
Abraham Salazar señala que en Michoacán hay personas “valiosísimas” que aunque se esté recortando el presupuesto constantemente, de manera individual han aportado y siguen aportando mucho a la calidad de la creación local, “dado que aman lo que hacen, hacen un grane esfuerzo”. A pesar de el desentendimiento oficial.
Dice que el reto de meterle más presupuesto al terreno de la cultura y las artes, pero sobre todo de arreglar a una sociedad muy lastimada por el crimen organizado y la violencia, concluye. Ya esperan a que comience a tocar.







