Félix Madrigal/ACG
Morelia, Michoacán.– A sus 80 años, Samuel Dueñas es uno de los músicos más antiguos que aún permanecen activos en los cenadores ubicados en la subida a Santa María, en Morelia.
Con su acordeón en mano y una historia de vida marcada por el esfuerzo y la pasión por la música, Samuel continúa deleitando a quienes transitan por esta zona con sus melodías.
Originario de “La Carbonera”, comenzó su camino musical a los 15 años, cuando empezó a tocar la guitarra y a cantar en su pueblo. No tuvo la oportunidad de asistir a la escuela, ya que desde niño debía trabajar en el campo con su padre.
“Si hubiera podido estudiar, creo que tendría otra mentalidad, sería una mejor persona”, reflexiona.
La música fue su refugio y su maestra. Aprendió de manera autodidacta, escuchando repetidamente las canciones hasta que lograba tocarlas.
Con el tiempo, se integró a orquestas y agrupaciones, lo que le permitió avanzar en su oficio y aprender a tocar el acordeón.
Durante años formó parte del grupo Los Trovadores, con el que se presentaba en la Casa de la Cultura de Morelia junto a grupos de baile folclórico y cantantes, bajo la dirección del maestro Marín.
Las giras eran constantes y los pagos se realizaban a través de cheques emitidos por Gobernación. Samuel recuerda con aprecio aquella época en la que la música lo llevó a recorrer diversos escenarios.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la devaluación de la moneda y los cambios económicos lo afectaron severamente. El trabajo dejó de ser suficiente y, por necesidad, buscó un nuevo espacio para seguir tocando.
Y, así fue como llegó a los cenadores de la subida a Santa María, donde permanece hasta la fecha. “A veces hay trabajo, a veces no hay nada, pero aunque llueva o haga sol, siempre estamos aquí”, comenta.
Actualmente, Samuel forma parte de la agrupación Los Nobles de Michoacán, con quienes continúa llevando su música a diversos espacios públicos. Están disponibles para contrataciones, ofreciendo su talento y experiencia a quienes deseen amenizar eventos con música tradicional y popular.
Para Samuel, la música nunca ha sido solo un medio para ganarse la vida, sino un modo de ser; “desde que empecé hasta ahora, no he dejado de amar lo que hago”, afirma con firmeza.
Su presencia en los cenadores no solo aporta un toque sonoro a las calles de Morelia, sino que representa la persistencia de una tradición viva y la fuerza de una vocación nacida del corazón.






