Sofocante violencia en Michoacán | Samuel Ponce

(Foto: RED-113)

En estos tiempos, días antes de Semana Santa, es difícil sustraerse de la ola de violencia suscitada casi a diario y de manera oscilante, ya no tan focalizada, en el territorio michoacano; ahí las cifras, ahí están los primeros lugares en el país.

Y ya, prácticamente se puede decir, al menos, insisto, en los últimos días que las michoacanas y los michoacanos nos despertamos y nos dormimos con noticias de hechos violentos y en la mayoría de las ocasiones con secuelas funestas.

A estas alturas, se agudiza el disco rayado de las declaraciones de las autoridades correspondientes en torno a casos de violencia, al establecer mayoritariamente que se trata de pugnas internas de grupos criminales, de la lucha de dominio territorial.

Y es que dichos grupos delincuenciales lucha ferozmente por el dominio territorial que, de alguna manera, los gobiernos, de los tres niveles, en debida responsabilidad, los han dejado, ya sea por ineficiencia, valemadrismo y/o una aterradora complicidad.

Cómo revertir una situación de ese tipo que si bien, en gran parte, proviene de una dejadez provocado o no de gobiernos anteriores, no puede soslayarse la responsabilidad de los actuales con ese tipo de señalamientos, algunos para justificar su impotencia.

No, no hay justificación alguna, la situación es contundente en el país, la estrategia federal en materia de seguridad ha sido fallida, ha sido un fracaso, ha sido una burla y aún más burda bajo esa atrofiada frase de abrazos y no balazos.

Lo anterior está más que argumentado con las propias cifras oficiales de las consecuencias funestas de dicha violencia y no es cierto que gradualmente esté disminuyendo la violencia, menos en aquellos lugares, como Michoacán.

Por cierto, en el punto específico del territorio michoacano, es una estupidez, literalmente hablando, tratar de implementar la misma estrategia federal sobre seguridad en las diferentes regiones, pues no es lo mismo, por decir algo, Tierra Caliente que el Bajío.