Morelia/Héctor Tapia
Luego de despedir a un grupo de jóvenes, en medio de un salón blanco, frío, del Instituto de la Juventud Moreliana, la psicóloga María Eugenia Gómez Aguilar, continuaba revisando los materiales que tenía a la mano sobre el VIH-SIDA, que se presentó ante los jóvenes estudiantes.
Tras revisar algunos pendientes con algunos de sus compañeros de la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado, llega toma una silla y se sienta.
Para ella, dice, el problema actual de que haya tanta incidencia aún en el número de casos positivos con el virus del SIDA no es tanto por falta de información, como antes se manejaba; ahora son también otra serie de cuestiones, como los “huecos emocionales” que actualmente tienen las personas y que al intentar “llenarlos” con algunas situaciones, como el sexo sin cuidados necesarios, simplemente se contagian
Explica, casi de forma didáctica, que con sus colegas han charlado al respecto, dado el fenómeno de contagio existente, “creemos que hay un hueco en situaciones emocionales de cada persona, que hay cosas que no se están trabajando a nivel familiar, a nivel social”.
Esto, dice, tiene implicaciones, como el hecho de que como seres humanos “estemos buscando satisfacer esas necesidades de muchas formas, como las relaciones sexuales sin pensar en los riesgos, en que las cosas pueden suceder”.
Apunta que otro factor es que el adolescente, su estructura de pensamiento “no está diseñada para prever las cosas, y por eso piensan que nunca les va a pasar nada”.
Dice que a pesar de que hay información en los medios masivos y redes sociales, “la información se está desvirtuando, y eso genera muchísima más confusión”.
Desde el punto de vista psicológico, dice, “en la parte emocional es como querer llenar vacíos, y esto favorece las relaciones sexuales sin protección”.
Esto se da por muchos factores, uno es la falta de autoestima, “de sentido de vida, de meta, faltan muchas cosas”.
Gómez Aguilar, quien está en el departamento de enfermedades de transmisión sexual y VIH, de la Secretaría de Salud, considera que para que haya resultados mucho más contundentes se tiene que promover acciones que “toquen” emocionalmente a los jóvenes, “donde les caiga el 20 de lo que se pueden enfrentar”.
Explica que las reacciones de quienes se enteran que son nuevos portadores del virus son distintas, lo cual depende de la información que tengan previamente; sin embargo, dice, todas se van a enfrentar a un duelo.
“Generalmente la primera reacción es no creer que se tiene esta enfermedad, hay tristeza y confrontación con la realidad que viene”.
Indica que muchas veces no es por la enfermedad en sí, sino por lo que implica la enfermedad, sobre todo la discriminación, el miedo de informar a alguien más, con quien lo van a compartir, si se llegan a enterar qué va a pasar con su vida.
“Saben que hay un tratamiento para la enfermedad, que es gratuito, que hay atención, y eso lo pueden manejar; sin embargo la reacción de la sociedad es algo que no pueden manejar”.
Continúa diciendo en la charla que los portadores saben que si se cuidan, toman sus medicamentos y van a sus consultas, “saben que estarán bien”. Sin embargo, agrega, “esta reacción o temor al rechazo y discriminación, los va a deprimir, y esto si va a contribuir para que abandonen los tratamientos, por el mismo rechazo. En pueblos, en rancherías, la reacción es mucho más difícil.”
El mayor peligro que se tiene hoy en día es la discriminación, por eso, dice, “psicológicamente tenemos que fortalecerlos, precisamente para que estas situaciones a las que se enfrentan no se vean tan afectados. Y se sientan capaces de hacer muchas otras cosas”.
Hemos observado que en el proceso de darse cuenta, en que se adaptan a la asimilación, sin embargo con el pasar del tiempo se pueden enfrentar a otras situaciones que les pueden pasar.






