Raúl Morón, ¿candidato fácil de vencer?

Ágora | Jaime Martínez Ochoa

Cuando se conoció la designación de Raúl Morón como precandidato de Morena al gobierno del estado, la mayoría de los conocedores y no conocedores de los quehaceres políticos del estado pensaron, de súbito, que la desaseada dirigencia nacional de ese partido eligió al eslabón más débil de la cadena. Incluso un conocido periodista michoacano lanzó la puntada de que, palabras más, palabras menos, no ganarle “sería una pendejada”.

Sin embargo, vale la pregunta: ¿Es en verdad Raúl Morón un candidato fácil de derrotar?

En principio, para contestar a esta pregunta se alude a varias cuestiones negativas que persiguen al profesor: primero, su activismo sindical, que lo llevó incluso a incurrir en acciones de vandalismo que todavía son recordados por los michoacanos. Segundo, que la mayoría de los puestos políticos que ha obtenido se los ganó por la vía plurinominal, salvo la alcaldía, donde, dicen sus cercanos, ni él mismo confiaba en salir victorioso.

La crítica más recurrente que se le suele adjudicar, sin embargo, es que su gobierno al frente de la alcaldía ha dejado mucho que desear, pues más que atender los principales problemas de la urbe se ha dedicado a administrarlos, estableciendo prácticamente un gobierno de continuidad con el de su antecesor, sin imponer ningún sello personal. Se ha dicho, en términos generales, que más que gobernar Morelia Morón Orozco se ha dedicado a cuidar su candidatura, dejando que sean otros funcionarios los que atienden las urgencias.

No obstante, las críticas más duras se han dado por su manejo del COVID-19, que ha sido errático en más de una ocasión, en gran parte por cálculo político y no en atención al apremio de salud de la ciudadanía. Si en últimas fechas se ha sumado a las iniciativas del Gobierno del estado se debe no tanto a un repentino ataque de sensibilidad sino sencillamente porque no le quedaba de otra. Con Morelia a punto del colapso, el sentido común llamaba a no soslayar las medidas más agresivas para frenar la propagación del virus.

Sin embargo, Raúl Morón tiene a su favor algo que no es menor, el apoyo del jefe de Morena, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien sigue teniendo un elevado ascendiente entre los michoacanos. Todavía es temprano para decir si este apoyo será un factor negativo o positivo, lo que se verá conforme pase el tiempo y la figura presidencial crezca o empequeñezca, pero es indudable que de ninguna manera puede minimizarse, pues para AMLO ganar Michoacán es algo más que un deseo de ampliar su presncia en el territorio mexicano sino de demostrarle al gobernador Silvano Aureoles que le puede ganar en su propia casa.

No, Morón no es un candidato fácil y nadie debería darle por derrotado antes de tiempo, por más que se diga que la salida de Cristóbal Arias de Morena le restará votos o que el equilibrio que ahora se advierte en las encuestas, donde está a la par con Carlos Herrera, el otro contendiente, es ya un indicativo que no tiene posibilidades de ganar.

Una cosa sí es cierta: Si hace un año Morena prácticamente tenía el gobierno en el bolsillo, hoy ya no es así. Morena ha empezado mal su búsqueda del poder en Michoacán, y en parte se debe al pésimo proceso que llevó a cabo para elegir a su aspirante.