Plantas, animales e Independencia

Imágenes ACG

Por: Alfredo Soria/ACG.

Morelia, Michoacán.- Marta Ramírez lleva toda su vida entre plantas. Aprendió a venderlas desde niña, siguiendo la tradición de sus padres, quienes le heredaron el oficio que hoy mantiene vivo en el Mercado Independencia. De lunes a domingo atiende su puesto, y los jueves y domingos lo coloca en el exterior del mercado.

Además de cactus, helechos y otras especies, Marta ofrece un producto poco común: figuras de animales hechas con media, aserrín y semillas. Aunque se parecen a un adorno, están pensadas para ser regadas. En unos días, les brota pasto o alpiste. “Cuando los riegan, les sale el sacatito”, explica.

Las figuras, conocidas popularmente como “muñecos cabeza de pasto”, son fabricadas por familiares de su esposo en Tenango de las Flores, en la Sierra Norte de Puebla. Allá moldean el aserrín dentro de la media, colocan las semillas y las decoran a mano con pintura, ojitos plásticos y detalles que les dan forma de tortugas, perritos, hipopótamos o peces. “A los niños les gusta mucho. Cuando les crece el pastito, lo podan con tijeritas. Lo cuidan, lo siguen regando”, cuenta Marta.

Algunas figuras germinan en una semana si se mantienen húmedas y ventiladas. Si no se cuidan adecuadamente, pueden enlamarse o pudrirse. “Hay que estarlos revisando, que no estén arrinconados, y darles un poco de aire”, explica.

Los precios van de los 30 a los 70 pesos, dependiendo del tamaño. Marta los vende solo cuando tiene oportunidad de viajar a Puebla, por lo que no siempre hay en existencia. “Vamos cuando podemos. Este mes vamos a bajar otra vez, el 22 o 23, a traer figuritas y plantas”, comenta.

Aunque muchas de las plantas que ofrece son locales, también consigue algunas en Puebla, donde sus cuñadas se dedican a reproducir especies como helechos y cactáceas. En esa labor la acompaña su hijo mayor, de 18 años, quien se ha involucrado en el negocio familiar. “A él también le gusta mucho. Me ayuda a buscar plantas, a cargar y a vender”, dice Marta.

Su esposo, Gregorio Hidalgo Márquez, también se dedicó durante décadas a la venta de plantas en el mismo mercado. Falleció hace un mes, y ahora Marta y su hijo se hacen cargo del puesto.

Mientras se preparan para su próximo viaje a Puebla, Marta continúa con su labor diaria. Entre tierra, semillas y figuras decoradas, conserva una tradición que ha pasado de generación en generación, y que hoy sigue germinando entre quienes se detienen a observar y comprar en su puesto.

Fotos: Alfredo Soria/ACG