Permiso para explayarse…

Imagen: Héctor Tapia

Morelia/Karen Quintero

Al entrar a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), en el patio trasero, formadas, se encontraban todas las patrullas y camionetas que se entregarían en cualquier momento.

En la inauguración de la Torre 1 de la Unidad Antisecuestro de la PGJE, y entrega de equipamiento, estaban presentes los elementos de la Fuerza Ciudadana, la Policía Estatal, empleados administrativos de la dependencia.

Los de escritorio de la dependencia vestían traje negro, mientras los policías portaban sus uniformes; en sus rostros se reflejaba desesperación porque el evento parecía no terminar.

Los miembros del presídium tomaron la palabra y explicaron las ventajas de la Torre 1 de la Unidad Anti Secuestro, las innovaciones en los autos que serán utilizados por los elementos, y los uniformes que cuentan con hologramas y códigos QR para evitar su clonación.

Mientras se hacía entrega simbólica de equipos de cómputo, la frustración en los rostros de los asistentes era cada vez más notoria.

Era turno de la intervención del Comisionado para la Seguridad de Michoacán, Alfredo Catillo Cervantes, quien mientras planteaba el inicio de su discurso, pidió permiso al gobernador para explayarse y explicar el mando unificado que propone el Presidente de la República.

Terminó el discurso, se dispusieron a dar el banderazo de salida de los vehículos, ahí parados bajo el sol, con su respectiva banderita, ondeándola, estaban las personalidades del presídium; continuaron con el programa, entraron al edificio de la Unidad Anti Secuestro y recorrieron las instalaciones.

Para finalizar el evento, que ya tenía más de una hora, con el sol fuerte, quemante, ofrecieron una rueda de prensa, en un salón dentro del edificio; el lugar, aún más sofocante de lo que se encontraba en el patio.

Esperando de nuevo a que las personalidades terminaran de recorrer el edificio, los representantes de los medios de comunicación, acalorados, en sus rostros escurrían más que gotas de sudor, chiflaban con desesperación.

Otros periodistas otros bromeaban,  contaban chistes, y cada vez que la puerta se abría, había la esperanza de que la conferencia de prensa por fin iniciara y más que terminara