Pedro, el regreso a los caminos pedregosos.

Tlalpujahua, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- En la plaza principal del pequeño pueblo de Tlalpujahua, justo al lado del kiosko adornado con luces navideñas, un puesto de elotes con una luz muy tenue resaltaba entre la oscuridad.

Pedro Marín, el elotero, se veía apresurado entre toda la gente que rodeaba su puesto de lona, pues servir a tantos los elotes enteros y los esquites era una tarea laboriosa.

A su lado, su mujer, quien servía el ponche y cobraba, juntos hacían un buen equipo para que cada cliente saliera contento con su manjar que les dejaba las comisuras de los labios llenas de queso y chile en polvo.

Pedro, con una responsabilidad de solventar una familia de 5 hijos, hace más de 30 años se fue de su pueblo natal, Tlalpujahua, a vivir una vida a prisas en la Ciudad de México, en ese entonces, Distrito Federal.

La vida de la ciudad nunca fue grata para Pedro, pues correr de un lado a otro, dormir poco y descansar nada no era algo que lo hiciera feliz, extrañaba tanto a su familia, pero ese amor fue el que lo mantuvo trabajando, por sus hijos, por su esposa.

Aunque duró poco en la gran ciudad, Pedro tiró una moneda al aire, pues tuvo que elegir entre el trabajo en la capital del país o volver con su familia a iniciar desde cero y conseguir algo con lo que pueda aportar económicamente.

El calor familiar pudo más que la estabilidad económica, así que Pedro regresó a los caminos pedregosos que lo vieron crecer.

«Era quedarme solo allá o regresar con mi familia», me dijo mientras untaba mayonesa a un elote, el cual había incrustado en un palito de madera.

— ¿Cómo fueron los inicios de la venta?

— De todo, tropiezos, un sube y baja. — río

.Para Pedro no fue sencillo volver, pues el movimiento de la ciudad lo había dejado desconcertado, le costó acostumbrarse a la calma de su tierra, pero fue feliz de tomar esa decisión.

«Al principio me costó trabajo, el día se te va rápido allá, descansar una semana está bien, pero luego te sientes desesperado».

Pedro, en cuanto llegó, puso una pollería, cosa que después dejó y comenzó con los elotes, «hay que buscarle», me dijo, «te mueve la necesidad».

Un hombre de familia que no quiso quedarse sin ella, ahora tiene a su esposa y su nieta junto a él para ayudarlo con la venta; gracias a su esfuerzo, Pedro se hizo conocido en este pequeño lugar, y la venta va en auge, más cuando llega la Feria de la Esfera q Tlalpujahua.

Pedro nos ofreció un poco de pinche caliente que nos apaciguó el frío, en donde la canela y la guayaba eran los principales olores que despertaban los sentidos…

Gracias a su decisión, Pedro llega a casa caminando tranquilo a la hora que quiere, y a un hogar cálido que llena de alegría, cuenta…