Pederastia clerical en México

Especial

Morelia/Redacción

Sin Embargo publica un reportaje especial sobre las víctimas de los sacerdotes pederastas en México relatan la pérdida de evidencias por parte de la justicia civil y el ocultamiento de información, en total impunidad, por parte de la Iglesia Católica ¡Justicia!, es su demanda al Papa Francisco I, a continuación el texto íntegro:

Después de casi nueve años de su denuncia ante el Ministerio Público, Jesús Romero Colín, un joven de 33 años que fue violado cuando tenía 11 por un sacerdote católico, aún espera una orden de aprehensión para su presunto agresor y que el expediente se integre sin defectos.

En su caso existe una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) a la Procuraduría General de Justicia capitalina por dilación del Ministerio Público en la integración del expediente, emitida en 2015, una carta del Papa Francisco, un expediente secreto del Tribunal Eclesiástico que determina la culpabilidad de Carlos López Valdés para retirarlo de su ministerio, que la Iglesia se niega a entregar, y hasta un documental que exhibe al presunto culpable.

Jesús Romero sigue libre, perfectamente ubicado en una casa de Cuernavaca, Morelos, sin ser llamado a cuentas por estos hechos que ocurrieron entre 1994 y 1999 en la Parroquia de San Agustín de las Cuevas, en Tlalpan, Ciudad de México.

Y, a pesar de la recomendación de CDHDF, la Procuraduría capitalina ha argumentado la pérdida de evidencia: un disco con fotografías explícitas del ex sacerdote presuntamente abusando de distintos niños que, como Jesús Romero, fueron monaguillos en la parroquia donde oficiaba las misas de “niños” que se celebran a las 10:00 horas los domingos en todas las iglesias.

“Si este sacerdote estuviera en la cárcel desde hace ocho años. Ya anduviera saliendo yo creo, pero llevamos ocho años y ni siquiera llegamos al litigio, estamos en la integración. Ocho años, esto habla de intereses y amistades”, dice Jesús en una entrevista con SinEmbargo.
Su historia, asegura, es paradigmática, pues da cuenta del proceso que sigue una víctima de pederastia clerical en México. Las negligencias, los trámites engorrosos, repetitivos, la pérdida de evidencia, la manipulación de información y el intento de la Iglesia Católica por callar a las víctimas para evitar el escándalo.

Como Jesús Romero, existen según el ex sacerdote Alberto Athié Gallo, unos 500 niños que fueron violados por curas en el país durante los últimos 40 años. Todos impunes.

Según las cifras de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales del Clero (SNAP) México, actualmente hay unos 200 casos vigentes.

EL NIÑO QUE QUERÍA SER SACERDOTE

Jesús Romero estaba en sexto grado de primaria cuando su mamá lo llevó a la Parroquia de San Agustín de las Cuevas para que iniciara su preparación como acólito. No pasaron los tres meses, cuando el niño empezó a soñar con ser sacerdote. El entonces cura Carlos López se acercó a su familia con el pretexto de conducirlo en su vida espiritual.

Primero le pidió permiso a la madre para llevarlo con él a Cuernavaca con el pretexto de enseñarlo a nadar. La mujer accedió. Era el párroco, pero además, amigo de la familia.

En Cuernavaca lo obligó a dormir con él en la misma cama, pero desnudo, porque era antihigiénico acostarse vestido. Ya en la madrugada el niño despertó asustado: el sacerdote le tocaba sus genitales, pero el pequeño, confundido, quiso creer que el cura estaba dormido y no sabía lo que hacía.

Al día siguiente sólo hubo silencio y el regreso a la Ciudad de México. Ese fue sólo el inicio de una larga cadena de abusos sexuales, violaciones, corrupción y pederastia. Jesús Romero fue víctima de varios delitos.

Una semana después del regreso del viaje a Cuernavaca, Carlos López visitó de nuevo a la madre de Jesús. La familia compuesta por el padre, la madre y seis hijos era de escasos recursos. El sacerdote propuso llevarse con él al niño a vivir a la casa cural, para pulir su deseo de ser cura, con la oferta de que se encargaría de los gastos que se generaran de los estudios del muchacho.

La madre aceptó y el niño se mudó a sus 11 años a la casa de Carlos López, en donde vivían otros muchachos con él. Uno de ellos desde los seis años.

“Empezaron los abusos: primero toqueteos, luego sexo oral y luego penetración, fue paulatino. Es complicado porque sientes que tienes que aguantar como esa misión que te tocaba. Es parte de lo que te enseña la religión católica ‘aguanta el sufrimiento, luego viene el cielo’. Me daba mucho miedo, no había palabras, todo ocurría en silencio en las noches y en el día era sacerdote y era casi mi papá”, dice.
Unos meses después del inicio de las violaciones, el niño lo cuestionó. La respuesta fue que “lo quería mucho”. Por eso lo ultrajaba.

“Le dije: ‘Esto está mal, ¿por qué pasa esto?’, me contestó: ‘Yo te quiero mucho y las personas que se quieren mucho, así se demuestran su cariño’. Yo estaba muy ignorante en eso, mis papás nunca me habían hablado de sexualidad”, cuenta.

Los abusos cesaron cuando Jesús tenía 16 años y se convirtió en un adolescente con problemas de drogas y alcohol.

“A los 16 años se cortan los abusos. Yo tengo mi habitación y no pasa nada. Yo lejos de defenderme le reclamaba, era agresivo cuando veo que abusa de más niños. Llegué a empujones, casi golpes. Yo era un problema ya para él”, narra.

Jesús siguió viviendo en la casa. Testigo de los abusos a otros menores. Descubrió pornografía infantil en la computadora del cura: fotos de sexo explícito con él cuando era niño y con otros niños.

Había de todo, relató: penetración de él a los niños y de los adolescentes a él. Sexo oral y toda serie de vejaciones. El sacerdote los hacía posar con ropa interior y compartía las fotos por correspondencia con otros hombres.

Jesús descubrió incluso una carta: “Te mando esta tanga para que se la pongas a chuchín”, le decía un remitente desconocido.

Aunque los abusos a otros menores siguieron, Jesús salió de esa casa y continuó con su vida. Fue hasta 2007 cuando denunció.

“Había un niño que yo conocía y que le empezó hacer lo mismo. Me dolió mucho, no quise que terminara como yo”, dice.

Pero con la denuncia no llegó la justicia. La Arquidiócesis se dio por enterada e inició una investigación interna en el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de México que concluyó con la dimisión del ministerio de Carlos López, el 8 de enero de 2011.

Antes de retirarlo del sacerdocio, la Iglesia Católica supo de las prácticas del ex sacerdote.