Oposición a distancia | Hugo Rangel Vargas

(Foto: cortesía)

El terremoto de corruptelas que legó el régimen de Enrique Peña Nieto, sigue dejando damnificados morales y políticos entre los adversarios de la Cuarta Transformación. Altos funcionarios de aquella administración así como exgobernadores, mantienen sendos procesos jurídicos en su contra por faltas a la ley al frente de sus respectivas responsabilidades, inhabilitándolos legal y socialmente.

A la lista de personajes que tienen cuentas pendientes, se suma el mismísimo excandidato presidencial panista, Ricardo Anaya Cortés cuyo paradero se desconoce, aunque no así su posición política que teletransmite a través de histriónicos videos que son colocados en sus redes sociales, para dejar clara su condición de adversario del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los dividendos políticos de la estrategia del queretano son pírricos: su popularidad en las encuestas da cuenta de un marginal posicionamiento entre la opinión pública, y si bien es el candidato presidencial opositor mejor colocado, se mantiene lejos de cualquier escenario de competitividad frente a los posibles aspirantes de la 4T. Así mismo, el exilio que se ha autoimpuesto, son la antítesis de la calidad moral y el arrojo que debería tener cualquier líder opositor que tenga una agenda política de contraste claramente definida.

Cual símil ramplón del panista, el exgobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo ha aparecido en un video que la dirigencia de su partido exhibió en el marco de las conmemoraciones de su 33 aniversario; instituto político del que de paso hay que decir, luce tan mermado que tuvo que recurrir al arropo del edil capitalino, el panista Alfonso Martínez, durante el citado acto.

La ya tradicional impertinencia del protagonismo silvanista, volvió a aparecer en la escena pública. No sólo restó reflectores al cumpleañero perredismo con el anuncio de su posible regreso a las lides políticas; sino que terminó enlodándolo ante las fundadas dudas sobre su paradero, después del trascendido de la existencia de una investigación sobre el suntuoso modo de vida que ostentó él y su familia durante su paso por el gobierno estatal.

Tanto Anaya como Aureoles, aparecen en las listas que el futurismo político de la alianza antiamlo barajea de cara al 2024. Sin embargo, la condición de ambos es el clarísimo ejemplo de que a un político siempre lo sigue su pasado, y en estos dos casos, sus cuentas pendientes les obligan a ser opositores a distancia.