—- l: “Muero yo, muere esto. Tengo tres hijas, todas son profesionistas, mis sobrinos también estudiaron. Soy el más viejo en Morelia vendiendo jugos, no hay nadie más…
Morelia, Mich. | Cayetano Mac/Acueducto Online.- Gabriel Álvarez nació y creció en esta ciudad, él ha vivido grandes cambios en sus 70 años en cuanto al centro de Morelia. Vive por y para su negocio de jugos y licuados casi al frente del templo de San Francisco.
Gabriel tenía tan solo 20 años cuando empezó de lleno en este trabajo, anteriormente, durante su infancia y adolescencia se dedicaba a ayudar a su padre en este negocio que se encontraba en Virrey de Mendoza, donde, hoy por hoy, es una joyería; entre lágrimas de nostalgia y felicidad relata.
El señor Álvarez, su padre, comenzó este negocio en el año 1956. Él compró el negocio ya armado. “Fueron 44 años los que duramos en Virrey de Mendoza, en el mercado de San Francisco hasta hace 8 años que nos cambiamos acá. Llevo desde el 70 trabajando aquí todos los días”.
Menciona que “hay días buenos, hay días malos. La crisis no es nueva, todo el tiempo ha pasado y la llevamos con calma, el comercio es así, de esperanza”.
-¿Cómo eran sus ventas cuando todavía existía el mercado?-
-Vendíamos hasta 30 garrafones de agua en nuestro mejor momento, con el tiempo la gente fue cambiando sus hábitos y era el refresco el que se vendía más que el agua-
-Cómo fue la diferencia entre vender en el mercado y aquí?
-En el mercado estábamos desde las 6 de la mañana hasta 8 de la noche, ahora trabajo de 7:30 de la mañana hasta 2 de la tarde-
“Siempre es bonito que lo recuerden a uno” dice Gabriel mientras contaba historias de personas que compraban sus jugos o licuados a temprana edad acompañados por sus familiares y figuras políticas de hoy en día que llegaron a consumirle. “Clientes hemos tenido de todo”, todo esto mientras Gabriel atendía a los pocos que llegaban.
Aparte de su oficio, Gabriel nos habla acerca de sus otros pasatiempos, como lo es la fotografía. En una lona grande se podía ver una panorámica antigua de la fuente de San Francisco tomada por él mismo, narraba con orgullo. Otro de sus intereses era la medicina, pero no pudo continuar con eso ya que el negocio familiar era primero: “No puedes hacer dos cosas a la vez”.
La venta de jugos, licuados y energizantes es una tradición para Gabriel, pero no es así para muchos otros, ya que las necesidades y estilo de vida actuales relegan a estos locales de comida.
Esta herencia acabará junto a él: “Muero yo, muere esto. Tengo tres hijas, todas son profesionistas, mis sobrinos también estudiaron. Soy el más viejo en Morelia vendiendo jugos, no hay nadie más… de mi papá esto nació y conmigo morirá”, subraya con dejos de nostalgia.
Él acepta que el tiempo no pasa en vano, y que llegará aquel día donde el local con tantos años e historia por detrás tenga que abandonar esta ciudad, para siempre.





