Morelia | Álvaro, el último frutero ambulante…

(Foto: Cayetano Mac)

Morelia, Mich. | Cayetano Mac/Acueducto Online.- Don Álvaro Sandoval tenía 13 años cuando empezó a ayudar a su padre a vender mangos preparados; ahora oferta gazpachos, sin maquillajes.
Su padre, el señor Ignacio tenía un carrito de frutas, se encontraba debajo de un gran árbol en el jardín de Las Rosas.
Posteriormente, le entregó la batuta y su legado. “Fue hasta el año 2001 que nos movimos a la Calle Galeana, después por causas de la vida es que llegamos aquí a la cerrada de San Agustín.
-¿Cómo eran las ventas anteriormente?-
-Cuando yo empecé vendíamos un mango de a 10 centavos, solamente con chile y limón en un palillo, también teníamos jícamas, de 10 y 20 centavos.
Las paredes de su local estaban repletas de imágenes de su negocio con el paso de los años, son paredes llenas de historia, como una en particular que resaltaba de las demás debido a su gran tamaño.
“En el 75 llegaron unos norteamericanos y quisieron retratarme, decían venir de una revista donde habría una foto por cada estado del país, esa es la única foto de Morelia que les gustó. Me dejaron esta fotografía y quedaron de entregarme una copia de la revista cuando estuviera publicada, pero nunca llegó.


Decía mientras enseñaba donde se veía a un Álvaro de unos 30 años picando la fruta y a una joven americana con la ropa de esa época, también podíamos leer los precios de ese entonces.
El origen del gazpacho hasta la fecha sigue desconociéndose, pero don Álvaro quiso compartir su propia versión:
“Antes no se vendían los gazpachos. El gazpacho lo inventamos hace más de 40 años, fue idea de un español que llegó a Morelia con el colega Leopoldo o como le decíamos, La Chorrienta.
“Háganlo como en mi tierra” dijo el español, “jícama y pepino solamente”, ya fue que se le agregó el vinagre, queso, chile, cebolla y limón”.
También mencionó que antes de eso él y su padre acostumbraban a agregarle cebolla a sus preparaciones.
Mientras los clientes llegaban y pedían su gazpacho a su propio gusto, Álvaro contaba que los productos que utiliza para su elaboración prefiere hacerlos él mismo.
“El chile en polvo, el vinagre, incluso la sal que es de grano, me gusta tomarme el tiempo de prepararlos y ofrecer un producto bueno”.
Sin duda, disfruta mucho de su trabajo, de endulzar el día de las personas con un delicioso vaso de fruta.
Álvaro sabe que algún día esto terminará, sus nietos podrían ser la cuarta generación de fruteros, pero él es más de la idea de que no por nacer en una familia que se dedique a alguna profesión u oficio específico signifique que también ellos deban de seguirlo.
“No se va acabar el mundo por eso” comentaba para Acueducto Online.
“No hay otro frutero ambulante de esa época que siga vigente, han sido 64 años de mi vida y si un día la venta es baja, no tengo problema con regalarlo a quienes lo necesiten, hago esto porque me gusta y vivo por esto”.
Así fue de la forma en la que se despedía de esta breve charla, animando al lector a algún día pasarse por su local y pedir alguno de los tantos gazpachos que tiene para vender, eso sí, de preferencia sin salsa de bote, ya que prefiere todo lo natural.