Masoquismo electoral.

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Opinión | Hugo Rangel Vargas

Casi al mismo tiempo en el que el priismo de Coahuila e Hidalgo afinaban la maquinaria electoral que les llevaría a alzarse con la victoria en los comicios de ambos estados, el canciller Marcelo Ebrard daba a conocer en su cuenta de twitter la detención del General Salvador Cienfuegos Zepeda quien había sido titular de la SEDENA durante la administración de Enrique Peña Nieto.

En lo que va del actual gobierno, han sido tres los altos funcionarios de la administración peñañietista quienes han tenido que enfrentar sus cuentas con la justicia desde la prisión: Rosario Robles, Emilio Lozoya y ahora el militar en retiro quien presuntamente fue exhibido en sus tratos ilegales por el mismísimo Joaquín Guzmán Loera durante el desahogo de su proceso en una corte estadounidense.

Pero la serie de corruptelas que fueron evidenciadas durante la anterior administración de extracción priísta y que ahora colocan incluso en sospecha al actuar del propio presidente Peña Nieto, no han sido suficientes para restar poder al partido tricolor, no al menos en dos de sus bastones aún inexpugnables desde su fundación: Hidalgo y Coahuila. En efecto, ambas entidades no han conocido la alternancia y el partido en el poder local luce más firme que nunca en las urnas.

Renacido de la era jurásica, el sueño del carro completo volvió a cristalizarse para el priismo. En Coahuila el tricolor habría ganado la totalidad de los distritos electorales en disputa y en Hidalgo se alzaría con la victoria en 32 de las 84 alcaldías que se renovaron el pasado domingo.

En Hidalgo la fortaleza del cacicazgo de nombres como Murillo Karam y Osorio Chong, fue suficiente para aplastar la andanada mediática de señalamientos por corrupción que enfrentó el gobierno federal pasado del cual ellos formaron parte. Mientras tanto, en Coahuila sigue pesando el apellido Moreira en las boletas electorales y un integrante de está dinastía ha sido electo diputado local por un distrito de Saltillo.

Al peso específico de los cacicazgos priístas locales y su capacidad de cooptación, se agregan las dificultades internas de MORENA y de los partidos políticos afines a la 4T que presentaron candidaturas por separado. A ello se agrega la crisis interna de MORENA a nivel nacional, partido que se encuentra absorto en la disputa por su dirección nacional.

Es evidente entonces que no hubo la capacidad suficiente desde la izquierda para capitalizar la debacle moral del priismo, que se alzó con triunfos contundentes en medio de una desangelada participación electoral que no rebasó a la mitad de los ciudadanos, muy poco atraídos por una oposición local al PRI muy limitada en su oferta.

Pesó la operación electoral del tricolor, pero también lo hizo el masoquismo y la desmemoria; todo ello en detrimento de las poblaciones de dos entidades, una que arrastra una deuda pública inmanejable y manchada de corrupción, y la otra, con una elevada desigualdad.