Más hermoso el canto del jilguero…

Foto: Enrique Castro

Ocampo/Julieta Coria

A sus 44 años de edad y a punto de cumplir 45, Sergio Colín sufre de un fuerte dolor de rodillas que, según él, se debe a causa de tantas visitas a la mariposa monarca.

«Yo digo que es por eso por qué más, tanto subir y bajar todos los días y andar a ‘pata’ para todos lados».

Sergio hace mas de cinco años que es  guía en el santuario El Rosario, donde cada año espera la llegada de la mariposa, mas que por el gusto de verla, por que sabe que tendrá trabajo por una buena temporada. «Pues es lo que hay, lo que da para comer, es la herencia pues de mi apá y de mi abuelo, que en paz descanse».

Con un pantalón desgastado, unos tenis blancos enlodados, una vieja gorra y una delgada chamarra gris, Sergio ‘echa’ de cuatro a cinco viajes diarios en llevar a los paseantes a conocer a la mariposa, a la reyna monarca.

«No, a mi la verdad ya ni me sorprende verla, como ya la conozco tanto, ya no le hallo chiste…» dice con una seguridad absoluta, mientras ayudado de un palo viejo sube el cerro hasta donde aguarda la mariposa.

El recorrido es largo, cansado, pesado por el frío que cala, cada vez más y más, señal que a decir de Sergio, ya casi se llega. «Pos yo ya ni frío siento, pero nomas me acuerdo los primeros años, cuando empezaba acá, me dolían hasta los huesos…»

Ya estando en la cima, justo debajo de el revoloteo de las mariposas, que con un ligero rayo de sol decidieron salir, Sergio recargado sobre un oyamel, en medio de un ensordecedor silencio, voltea la mirada hacia los árboles, el guía del santuario, no le emociona tan maravilloso espectáculo.

Las mariposas juegan en lo alto, muy en lo alto, como una danza al vaivén de viento. Un espectáculo único…

Pero no para Sergio, para él no lo es.

Esta mañana ha preferido escuchar a lo lejos, el débil canto de  jilguero, que escondido entre los árboles, ha llamado la atención, de aquel hombre en medio de la nada.

Quizá, para un viejo guía de las mariposas, el canto de un pájaro es algo todavía más hermoso que un simple vuelo de las mariposas, las reynas, las monarcas…

Sergio permanece inmóvil, en silencio con la mirada en los árboles, con cierta nostalgia, busca el canto del ave.

Y, es que «no todo es mariposas». Dice, mientras soba sus rodillas que cada vez le duelen más y más.