Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- La dualidad que vive en el corazón de Mary Esmirna Arellano es, para muchos, indescriptible. Amante de la docencia y de la cocina, Mary se da a la tarea de mantener vivo el cariño y respeto hacia su cultura purépecha.
Ella, quien viste con trajes típicos, se dedica a enseñar a los jóvenes en una secundaria de Naranja, Michoacán el idioma inglés pero, a la vez, no deja de lado la importancia que tiene para toda la comunidad lo que representa su cultura.
Mary también adora la cocina, pues fue aprendiz de su madre y abuela quienes, con amor, le enseñaron a hacer diversos platillos, entre ellos, el famoso “churipo”.
— ¿Cómo nació ese amor por la cocina?
— Porque nací en mi pueblo, crecí entre la gente que se juntaba a hacer las corundas. Mi madre y mi abuela me enseñaron, era una armonía, porque el churipo no se hace en cualquier día, se hace en ocasiones especiales, especialmente en fiestas patronales, en eventos familiares, como cuando mi abuela iba a recibir a sus nietos, a sus hijos de Querétaro, de Celaya, “van a venir hija, mañana te vienes porque me vas a ayudar a hacer corundas”, y yo veía cómo hacía la comida, y mi mamá ha sido una mujer muy hogareña, niñera, y tiene ese amor por la cocina, por ese amor por sus nietos.
— Alguna vez escuché que las mejores convivencias en familia son en la cocina, ¿usted lo cree?
— ¡Sí! Porque decía mi mamá “ustedes se van a casar, al menos que sepan hacerle la comida al viejo, ¡qué pena que me las regresen!”



Según Mary, cada mano creadora del delicioso churipo le deja un sazón diferente; aunque haya intentado recrear la receta de su abuela y de su madre, nunca le sale igual: “yo le puedo dictar la receta con gramos y cantidades exactas, pero la diferencia es la mano y el amor con el que haga usted el platillo”.
El corazón y el alma de Mary alberga amores heredados, ella cuenta que, desde que vio a su padre enseñar, nunca soltó el sueño de, alguna vez, convertirse en maestra.
“Mi papá, el autor de mi vida, es maestro jubilado, yo creo que lo traigo en la sangre porque estudié esta carrera por vocación, mis juegos de niña era jugar a la escuelita y yo ser la maestra”…
— Si la docencia era su sueño… ¿la cocina es un hobby?
— Es que va junto, ¡tenemos que comer! Si tenemos visitantes, si tenemos un cumpleaños, si tenemos fiesta patronal, pues ahí va la gastronomía, no la podemos dejar… a ver, ¡no comamos un día!
Por si fuera poco, la enseñanza y la creación de exquisitos platillos no es lo único a lo que Mary se dedica, sino también a bordar, otro amor que heredó de su madre.
Mary, con lágrimas en sus risueños ojos, recordó a su madre, pues fue ella la maestra que le mostró este arte.
“Lo traigo en la sangre, amo mi cultura, y no me afrento… al contrario, le digo a mi papá “¿por qué no nos enseñó el purépecha?, y me dijo “ay, hija, es que yo sufrí una discriminación tan fea que yo no quería que ustedes la vivieran…”, pero yo me he dado a la tarea de aprender el purepecha, poquito, no crea que sé mucho, pero sí me interesa, no quiero que se pierda”…
El sentimiento es lo que mueve la vida de Mary, quien se volvió defensora de lo que la representa: su cultura.
— ¿Esto es lo que le enseña a sus alumnos?
— Claro, ojalá hubiera traído una libreta, pero me preguntan “¿de qué color vamos a traer nuestra libreta?” y les digo “azul, pero con una imagen de nuestra cultura purépecha”, y dice una niña “teacher, ¿por qué? Dice mi abuelito que por qué, si no tiene nada que ver”, y les digo “el inglés es un idioma, como instrumento de comunicación que te abre puertas y nuevos horizontes, pero nosotros SOMOS purépechas”…




