La historia de hoy | Magdalena, la panadera artesanal de la costa

(Foto: Cayetano Mac)

Morelia, Mich. | Montserrat Herrera/Acueducto Online.- Manejando en la carretera de Lázaro Cárdenas a Playa Azul o viceversa, un puesto de pan artesanal resaltaba entre lo verde de la hierba alta y las palmeras, quién diría que con el calor que hace en Lázaro Cárdenas habría personas que adoraran trabajar cerca de los hornos.
Esta es la historia de Magdalena Castillo Chávez, una mujer originaria de Aguililla, Michoacán, que nunca pensó que la vida la traería tan cerca del mar azul.
Magdalena no es panadera por su familia, sino por su suegra; en los principios de la relación con su marido, le ayudaba a crear las empanadas dulces y saladas que vendía.
Y eso, lo anterior, sin saber nada de sobre los panes; ella aprendió de a poco la creación de uno de los manjares que este municipio, uno de los tres de la costa michoacana, ofrece a visitantes y locales.
Antes, la vida de Magdalena era completamente diferente, pues dedicaba todas las horas de su vida a sus cuatro hijos y a su casa, mientras que su marido repartía mercancía de distintas empresas, hasta que todo cambió, cuando él tuvo un problema de columna y no pudo seguir trabajando.
Ahí fue cuando la vida de Magdalena comenzó a complicarse, teniendo cuatro hijos que aún estudiaban y un esposo que no podía traer el dinero a casa, decidió poner en práctica lo que aprendió con su suegra.


“Antes yo vendía con mi chunde en Playa Azul, me iba a las enramadas, pero mi esposo me dijo que nos pusiéramos un hornito en el boulevard costero, que va de Lázaro Cárdenas a esa parte de la orilla del mar”.
Magdalena consiguió rentar un local de lámina que, en esos tiempos, le cobraba 2 mil pesos a la semana, un gasto tremendo para ella y su familia.
— ¿Dos mil pesos le cobraban, de pura renta?
— Sí, y a la semana, en esos tiempos tenía a mis cuatro hijos en la escuela, yo nada más pedía a Dios tener, al menos, lo de la renta y lo de mi casa.
Después de ya 7 años como panadera, un día, el entonces gobernador de Michoacán, Leonel Godoy Rangel, vio su puesto entre la nada y decidió apoyarla.

“Fue a mi local y me preguntó si era mío, le dije que no, entonces me dijo que me haría mi propio local, así que me hizo este, y gracias a Dios aquí seguimos”.
Magdalena sudaba la gota gorda mientras contaba que, ahora, mucha gente conoce su panadería, pues los turistas se detienen por una empanada y los locales no pueden abandonar Playa Azul sin llevarse una a casa.
Dentro de la cocina, las compañeras de Magdalena se apuraban en rellenar las empanadas de jamón y queso, mole, rajas, etcétera.
Ni ella ni las demás dejaron de trabajar mientras platicaban, pues la hora de las empanadas estaba a punto de llegar y sabían que, después de las 12 pm, la gente comenzaría a llegar para probar sus sabrosas empanadas recién hechas…