“Hijos, no se avergüencen de mí…”

IMAGEN: ESPECIAL

Morelia/Juan Ignacio Salazar

Originaria de la comunidad de Angahuan, enclava en el corazón de la meseta Purépecha, Juana Bravo Lázaro, ha desarrollado su vida, “la cual no ha sido fácil”, aclara.
De joven, Juanita, contrajo nupcias derivado de un pacto entre sus padres y los de su cónyuge…
“No fuimos novios; apenas nos conocíamos”, recuerda la entrevistada, quien hoy se ha convertido en una promotora de los derechos de la mujer en ese pueblo chico donde vivió un infierno grande, como consecuencia de la discriminación.
Al morir su marido, cuenta Juana, se quedó con cinco hijos pequeños y tener que salir todos los días a trabajar a la vecina ciudad de Uruapan para ganarse el sustento.
Juanita Bravo, quien portaba orgullosa un tipo guanengo, elaborado a mano para la ocasión, también forma parte de la imagen de una campaña publicitaria gubernamental que busca concientizar a la ciudadanía respecto a los derechos de la mujer, la equidad de género y la erradicación de la violencia.
La activista indígena reconoce que al principio “tenía temor de que nadie me escuchará, pues no soy profesionista”; pero en la primera platica, dijo que se sorprendió cuando contó a quince personas dispuestas a escucharla hablar del tema…
Entre cuestionamientos y respuesta, Juanita, da detalles de su vida y de cómo se enteró de las acciones de lucha contra la discriminación en su municipio y sostiene que se animó a ir a un taller de capacitación.
“Me gustó mucho y decidí ayudar a las mujeres de mi comunidad”.
Pero, aclara, “tuve que capacitarme para poderle explicar y ayudar a la gente; para mí, es muy bonito hablarle y orientar a las mujeres que sabe cómo defenderse”.
Garantizar la erradicación de la discriminación y la violencia contra la mujer, asegura la entrevista, “es algo que deben aprenderse” y recomendó a las féminas “no tener miedo y pedir ayuda…”.
Destacó que en las comunidades rurales e indígenas la discriminación contra la mujer se acentúa más y refirió: “Los hombres de la comunidad trabajan toda la semana, pero ya por la tarde-noche del viernes, sábado y domingo se emborrachan …”.
Y, agrega, cuando no tienen dinero, le echan la “culpa” a la mujer; que tú no me ayudas, que no estas al pendiente de mí, que no sirves para nada y hasta recalan con sus hijos y las golpean”.
En este contexto, apuntó, “las pláticas sirven de mucho para mi comunidad…”.
Y recuerda que a su primera conferencia comunal “asistieron 15 personas, luego 20 y después hasta me visitaban en mi casa para que les hablara del tema…”.
¿Es usted casada? ¿Qué dice su marido al respecto o su familia? Se le cuestiona a Juanita Bravo.
“Soy viuda… No fuimos novios, pero mis papás “arreglaron” para que nos casáramos, fue un buen marido y teníamos comunicación, antes se usa así, pero hoy la mujer tiene la libertad de elegir a su pareja”.
“Nunca volví a casarme, con el tiempo lo quise, nos comunicamos bien, fue bueno, pero no busque otro marido cuando murió. Tengo cinco hijos, dos hijas viven conmigo, sus maridos no están, emigraron y la más chica está conmigo, ella le sabe al Facebook y me ayuda mucho y un hijo está bajo mi techo, pero me libera sus gastos…”.
De sus cinco hijos, Juanita Bravo señala que solo uno curso estudios universitarios, mientras que el resto apenas y concluyó la primaria. “Económicamente no pude sacar adelante a todos al mismo tiempo; cuando murió su papá, tres estaban en la primera, uno en el kínder y otro en el brazo, estaba difícil…”.
“No fue fácil ser mujer y viuda, en una comunidad machista. Es difícil… Antes en la comunidad nadie salía por ejemplo para ir a Uruapan a vender, y en ese tiempo nadie iba a trabajar fuera de la comunidad, si eras mujer y lo hacías te criticaban.
“A mí me toco que me criticaran muy feo, porque pensaban que andaba en malos pasos, por que salía, llegaba noche, me bañaba, y me salía de mi casa; fue una vida muy pesada para mí”.
Juanita quien ve funcionarios ir y venir de un lugar a otro del salón, comparte lo que decía a sus hijos en cuando arreciaban las críticas y la discriminación de su comunidad:
“Hijos, no se avergüencen de mí, yo tengo una sola cara, y yo regreso como salga, no se preocupen por mí, nunca voy a llegar tomada o con los amigos, como salgo así llego. No se avergüencen.
Si yo ando pidiendo prestado dinero, me prestan y lo entrego como debe de ser”.
Hoy, la activista indígena reconoce que las cosas han cambiado para ella, “en mi comunidad, me gane el respeto; si camino por la acera y me topo con un borracho, me dicen, discúlpeme doña Juanita y se pasan del otro lado de la calle. Ahora si ya tengo confianza entre la comunidad”.
¿Cuál sería su consejo para las mujeres que sufren discriminación y violencia en el hogar?, se cuestionó a la entrevista.
“Que hagan un esfuerzo, para ser mujer tiene que ser muy valiente, luchadora, tienen que ser responsable y amable para demostrar que las mujeres si podemos seguir adelante…”.
“Las mujeres somos más valientes que los hombres, porque ellos se empiezan a emborrachar cuando se le va o muere la mujer y buscan a alguien para juntarse y no quedarse solos, mientras que las mujeres aguantamos como sea, sin dinero, con pena, pero también con mucho trabajo para sacar adelante los hijos”.
Juanita, quien es fiel católica, exhortó a las mujeres sumidas en la desesperanza “a no perder la fe, ni el cariño de su familia porque si tú empiezas con malos tratos y en malos pasos nunca vas a tener derecho a decirle algo a tus hijos”.