Morelia / Nancy V. Herrejón
Sol del mediodía entibiando las paredes mixtas del colonial palacio municipal de Morelia, voces, miradas, guiños, suspiros, bostezos, son 112 personas, son 112 morelianos que buscan un apoyo del Programa de Reunificación Familiar Palomas Mensajeras, proyecto que apoya a la familia de migrantes michoacanos para que puedan ir a Estados Unidos a visitarlos.
Todo el protocolo oficial está instalado, las mesas donde se realizarán las 112 entrevistas aguardan con sus manteles guindas, con sus sillas poco cómodas. Ahí, los facilitadores de la Secretaría del Migrante se encargarán de elaborar la respectiva solicitud de cada uno para lograr la visa, todos ellos son amables, y eso puede brindar confianza a los morelianos.
Iniciado el acto el orador presenta a las respectivas autoridades y funcionarios que acompañarán el simbólico acto. Están el Lic. Rubén Pedraza, regidor del Ayuntamiento de Morelia, en representación del ausente presidente municipal; también el Lic. Mauricio Corona de la Secretaría del Migrante, y por último la Lic. Claudia Lizeth García Pulido, jefa del Departamento de representación en México y asuntos internacionales, y quien ideó la vinculación del Palomas Mensajeras con el ayuntamiento de la ciudad.
Después de los discursos oficiales se da por iniciada la sesión de entrevistas, se ha puesto a disposición de los presentes algunos alimentos de refrigerio para calmar el ansía, galletas, agua fresca, emparedados, café, fruta, abundan en las mesas dispuestas pareciendo un banquete de fiesta.
Muchos hablan entre ellos como contando secretos, otros con voz fuerte describiendo su trayecto al palacio, otros adormecidos tratando de permanecer sentados, otros con su café a solas, cada uno siendo un mundo más con la misma sensación, ver a alguien otra vez.
Conforme pasan los minutos desfilan por el patio principal cada nombre, cada apellido, todos con papeles en mano, los voceros repiten nombres, manos se alzan por entre un mar de cabezas, algunos aceleran el paso, en la salida del palacio varios platican, se miran, comparten el nerviosismo, otros corren, ya es tarde deben ir al trabajo.
Poco a poco el palacio va quedando como siempre, quienes tienen dudas esperan su turno para preguntar, ya no hay café ni agua, ni galletas, algunos murmullos se escapan, tacones suenan en la planta alta, perfumes empalagosos aparecen de pronto.
Y se agotan los pasos, poco a poco todos se van, no se sabe quiénes serán, más todos merecen ser palomas mensajeras.





