Escritores evocan al Padre a través de la Literatura

Especial

Ciudad de México.- Tres escritores de distintas generaciones compartes sus razones para evocar a sus progenitores a través de la Literatura.

Los textos de Alberto Ruy Sánchez (1951), Hernán Bravo Varela (1979) y Aniela Rodríguez (1992), escritores de distintas generaciones que comparten la decisión de expresar sus sentimientos dedicados a sus Padres.

En sus letras evocan a la figura paterna como su figura, su legado. Ya sea a través de los versos o la prosa, el género literario no les preocupa, la evocación del progenitor está presente en las letras, sobre todo su ausencia.

ALBERTO RUY SÁNCHEZ

El reclamo del colibrí (fragmento)

Dejaste que el sueño te invadiera

como un río metiéndose en tus venas.

El sueño del silencio,

el de la noche larga.

Y al despertar

te fuiste con el sueño.

Vamos a enterrar lo que olvidaste:

tu rostro sin llanto ni sonrisas,

tus manos sin fuerza ni ternura,

tus pies sin pasos,

tus ojos hacia adentro,

tu boca sin hambre,

el frío que te cubre como un velo invisible,

el dolor que ya no sientes y nos dejas.

ANIELA RODRÍGUEZ       

Transfusión (fragmento)

Dejé una fotocopia de mi tristeza escondida en la guantera, padre

de haber sabido que la vida era un descanso intermitente

un cierto vértigo a la altura, una náusea al fondo
del pecho

si me hubieran dicho mujer,

 no pierdas los ojos todavía    

 no caigas al abismo de la inocencia

yo le dije a mi padre que no podrían quererme entera

pero él ya no me escuchaba

se había quedado sin ojos

Papá me ha visto quedarme sin sangre

y ha abierto mis párpados para que los niños jueguen con ellos

HERNÁN BRAVO VARELA             

50 (fragmento)

MI papá falleció el 12 de mayo de 2019… Tomé un taxi, atravesé media ciudad en quince minutos, abracé de otra manera a mi mamá, a mi hermano y a mis tíos, vi el cadáver antes de que se lo llevaran. Los vivos nos sentamos a esperar que saliera el sol.
Al día siguiente fuimos a Celaya a dejar las cenizas. Mi papá, confinado junto a mis abuelos en esa ciudad de balaceras y jamoncillos de leche, aguarda burocráticamente la resurrección que nos prometieron.