Acueducto | Análisis
Las campañas publicitarias más exitosas son aquellas que provocan sentimientos y emociones entre el público al que van dirigidas. La diferencia entre conseguir esto o fracasar, radica en distinguir con claridad entre información y comunicación.
Hacer lo primero implica únicamente transmitir datos, mientras que lo segundo conlleva el esfuerzo de entender la realidad en la que se encuentra inmerso el receptor del mensaje y conseguir que este se posicione en su conciencia y logré provocar o reforzar determinado comportamiento.
El temor es uno de los sentimientos más primarios y poderosos del comportamiento humano y a él apelan de forma recurrente, veladamente o de manera abierta, los publicistas. De todos los temores, el de perder la vida es el más fatal, sin embargo, utilizarlo como arma publicitaria no es menos que inmoral y canalla.
La pandemia ha dejado pérdidas materiales, incertidumbre, pero sobre todo mucho dolor, muerte y temores. Su extensión en el tiempo y la generalización de su impacto ha destruido anclas sobre las que proyectábamos futuro.
En este contexto, las estrategias publicitarias que se construyan para posicionar los mensajes políticos en medio de las campañas electorales, deberán considerar este sentimiento que domina el escenario cotidiano.
Sin embargo, recurrir al miedo para estimular el voto o el no voto de un ciudadano en favor o en contra de alguien, es una maniobra sucia que puede tener efectos adversos. Pensar en el miedo es distinto a provocarlo.
Los electores tendremos dos alternativas claramente contrapuestas, al igual que sucedió en 2018: una que apela a un supuesto pasado lleno de «estabilidad» pero con resultados limitados, y otra, que quiere seguir corriendo riesgos y ver hacia el futuro.
Esperanza contra miedo. Riesgo contra temor. Futuro contra pasado. Esa será la narrativa. De qué lado se coloque una propuesta política, de dónde se ubique el ciudadano, en qué punto leeremos cada mensaje: ahí estará la suerte de la decisión en las urnas.
La ruptura se sigue ahondando y los publicistas que lo entiendan quizá sobrevivirán de la mano de ciudadanos más conscientes quienes pronto continuarán su camino evolutivo.





