Morelia/Julieta Coria
Elida Esmeralda, es otra reclusa, una mujer que dejó de creer en el amor, ahora todo eso que sentía se ha transformado en furia, rabia y desesperación, cometió un delito, lo sabe bien y ahora lo paga, son cuatro años ya y lo que le falta…
Con su pequeño de dos años en brazos, Elida, relata su inconformidad porque aún no le dictan sentencia, «a mí me incriminaron en un secuestro que yo no cometí» dice mientras atenta observa a su hijo, el único con él que puede estar, porque en casa la esperan tres más.
Mateo Alejandro vive con su mamá en el penal de Mil cumbres, no conoce a su papá, y mucho menos sabe que él también está preso; y por ahora vivirá con su madre hasta cumplir los cuatro años.
Día a día el pequeño va a una guardería del DIF al interior del penal, ahí mismo donde vive, de ocho de la mañana y hasta una y media, juega y come en la pequeña escuelita, al terminar pasa el resto del día en una celda, junto a mamá.
Elida Esmeralda, reconoce que cuando una mujer está enamorada, a veces hace cosas inimaginables e incluso como dice ella, ‘hasta puras pendejadas» y es que su esposo, la involucró en un secuestro, que le ha costado su libertad.
«El amor te hunde, te hace mal…» cuando no estás con la persona correcta para ti, dice, mientras sus ojos se cristalizan, y su voz se quiebra, al recordar aquél momento al que quisiera regresar el tiempo y corregir, dice, parte de su vida.





