Editorial
No todos, algunos morenistas se rasgan las vestiduras ante el surgimiento de AMA Michoacán, la confirmación de una organización civil con evidente enfoque político electoral, rumbo a las elecciones locales del 2027.
Nada bajo el sol y no debería serlo para los militantes y simpatizantes de Morena en el estado, quienes respaldan, a fuerza de imposición, las hiperactivas aspiraciones de cuando menos media docena de aspirantes a gobernador(a).
Más allá de la discusión sobre si AMA Michoacán es mayoritariamente panista o no, lo cierto es que se proyecta asimismo como un movimiento civil con el objetivo de sumar a los adversarios políticos de los morenistas, con o sin partido político.
Y, al igual que los morenistas, los de AMA Michoacán no observan que sus aspirantes a relevar al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, susciten violaciones al marco jurídico electoral, lo presumen a flor de piel, como si fuera gracia.
Como dice el cantautor español Joaquín Sabina, y, sin embargo, ambos, los morenistas y los últimamente amaistas, en el juego democrático, suscitan perversidades en el empoderamiento de sus aspirantes a gobernador(a).
Dónde queda el árbitro electoral local, nerviosamente sofocado por un polémico proyecto de reforma electoral federal, bueno, un simple convidado de piedra al no encontrar asomos jurídicos para sancionar a los presunt@s infractores.
Hoy, en día, los partidos políticos y los movimientos como el del Sombrero y el de AMA pueden hacer malabares con el Código Electoral del Estado de Michoacán, pero la percepción social de que no está bien su actuar va en su contra.
Aunque, lo último, el final del párrafo anterior, suele ser lo de menos, para una incontable masa, hay cuestiones más importantes de que preocuparse, como la economía, la inseguridad y el sarampión, en dónde la percepción con la realidad no hay abismo alguno.






