El Congreso del Estado de Michoacán vive por el momento una de sus etapas más difíciles y rígidas, bajo la propuesta del “Plan B” presidencial, donde la austeridad forzada es un verdugo silencioso; la unión que aparenta Morena y sus aliados será la grieta en el muro con el presupuesto.
Para la diputada local de Morena, Fabiola Alanís Sámano, se trata de encauzar lo anterior ante la premisa de la transformación; fiel a su vocería federal, expresa que el pueblo está convencido de que los privilegios deben sucumbir en la tribuna local.
Sin embargo, por supuesto, las palabras de la congresista topan con la dura realidad de un cheque que nadie busca rosar. A su vez, en la Mesa Directiva, Baltazar Gaona García suelta un cubetazo de agua fría, pues habla de un millonario socavón que dejaría al legislativo casi en ruinas.
El escenario de un significativo recorte presupuestario que destella el diputado por el Partido del Trabajo (PT) es desolador para los trabajadores y/o empleados, toda vez que entre 300 y 400 estarían en el limbo sin detenimientos ni redención alguna, solo por visualizar el tema laboral.
La duda carcome los andadores del palacio legislativo como un fantasma expectante, y es que, trabajadores y/o empleados, desde personal administrativo hasta intendentes, consideran la real posibilidad de si tendrán un futuro ya sea a corto o mediano plazo; claro, liquidados.
A su vez, la parte sindical legislativa, hoy en día están a un latido del asalto. El STASPLE no se pasmará nomás observando como parte de sus agremiados son destronados de su medio de vida. Los acuerdos grupales están por encarar contra la nada del presupuesto público.
Y, mientras el representante popular, si, de Morena, Juan Pablo Celis se dirige sin tambaleos a la meta que va desde el corazón de la nación; su par, de MC; Antonio Carreño, sospecha que dicho “Plan B” es sólo una marioneta para remitir a los estados al ejecutivo federal.
En tanto, Sandra Arreola, del PVEM, garantiza que los despidos masivos son sólo rumores de un diputado local de la casta legislativa. El estado es el experimento de una reforma, que puede resultar demasiado costosa al sistema.
En medio de palabrería en la tribuna y presiones de paso, la cuarta transformación está fragmentándose, mientras que uno de los Congresos más “pesados” del país se niega a entrar a una ración bajo pedido que lo extermine.
En determinados círculos político, incluso en parte del guinda, el llamado “Plan B” se percibe más como una enfermedad que un remedio real.





